El contingente más querido
Carballo
05 Mar 2003. Actualizado a las 06:00 h.
?on cien, pero en la inmensidad de un pabellón polideportivo parecen menos. Los macutos y los colchones están colocados de forma milimétrica en el suelo y no se ve ni rastro de una colilla o un papel fuera de los ceniceros. El contingente de la Comandancia General de Baleares lleva en el pabellón de Agualada desde el pasado 24 de febrero y, con mucha pena, se despiden hoy de Coristanco y de los coídos de Camariñas, donde han estado limpiando el chapapote. El capitán Miranda explica que han obtenido mucha ayuda para sentirse en este pueblo como en su casa, tanto por parte del Ejército como por los vecinos y el Ayuntamiento: cañones de aire caliente, vehículos, cocina de campaña y duchas que suplen a las del polideportivo, ya que no tienen la capacidad suficiente para dar servicio a tanta gente. Sin embargo, los militares de este contingente lo que más agradecen es el trato de la gente. Aseguran que los vecinos los paran por la calle para preguntarles cómo van las tareas de limpieza y si las costas están muy negras. Los soldados aseguran que los lugareños son muy abiertos, al contrario de lo que pueda pensarse de los gallegos, y que siempre tienen una palabra amable para ellos. En algunos bares, como dice uno de los chicos, incluso los invitan a las bebidas o a una tapita de empanada o tortilla. De hecho, muchos vecinos han asegurado que éste es «o mellor» contingente que ha pernoctado en el pabellón de Agualada. Para los chavales, la mayoría muy jóvenes, también ha sido un descubrimiento su viaje a la Costa da Morte: los hórreos, el viento de Cabo Vilán, la lluvia (muy abundante, según dicen los isleños), la comida generosa y el buen carácter de la gente. Alguno, incluso, asegura que los han tratado como a hijos. Lo malo es que la aventura termina hoy. A las seis de la mañana tenían previsto el regreso a Palma de Mallorca. En la retina se llevan, eso sí, la impresión de la costa pintada de negro.