Con los ojos puestos en la ría de Arousa
Arousa
Tres embarcaciones, a las que se suman las de las cofradías, recorren a diario las aguas interiores para controlar cualquier mancha que se pueda acercar a la entrada de Arousa
11 Jan 2003. Actualizado a las 06:00 h.
Mientras en el mar siga habiendo fuel, Arousa seguirá atenta al horizonte. La amenaza del Prestige ha dejado de ser «inminente», pero «del barco sigue saliendo fuel. Nadie sabe a dónde va a parar, pero lo que es seguro es que está en algún lado», explican desde todos los puntos de la ría. Mientras la amenaza siga allí, aunque sea lejana, la alerta continúa. Cada mañana, las lanchas de varias cofradías salen de ronda. Recorren la ría y la zona de costa próxima para verificar que no hay novedades. Pero esas embarcaciones no son las únicas que surcan las aguas arousanas para detectar hasta el más mínimo atisbo de fuel. Tres embarcaciones, coordinadas por el capitán marítimo, salen cada mañana para emitir un parte de situación avalado por la observación directa. Son la Langosteira, la Barbanza y la Capelada. La jornada comienza temprano. A primera hora de la mañana llega a Vilagarcía un parte oficial con la posición de las manchas que han sido detectadas en las últimas observaciones. Desde hace días, esas hojas no traen ninguna noticia sobre Arousa: la zona está limpia. Con ese documento en el bolsillo, el capitán marítimo se sube a alguna de las lanchas de vigilancia. Ayer fue a bordo de la Langosteira, la primera embarcación que se topó, el dos de noviembre, con una inmensidad de manchas de chapapote en el agua. Su recorrido transcurre por el medio de la ría. Por la zona sur hace el viaje la embarcación Barbanza, con puerto en Vilaxoán. Y por el norte, el viaje lo hace Capelada. Mientras tanto, el barco Pau da Luz recorre la costa atlántica, de norte a sur y de sur a norte, a unas siete millas de tierra, convertido en la primera línea de vigilancia. Nadie sabe cuándo se podrán interrumpir las salidas diarias al mar. Pero en días como ayer «casi es un placer dar una vuelta por la ría»». La mañana llegó fría, extremadamente fría, pero luminosa y transparente. El mar en calma. «Hoy no hace falta ni la ropa de aguas». El recorrido de la Langosteira comenzó en el puerto de Vilagarcía. Y los rastos de chapapote no hacen acto de presencia hasta alcanzar las piedras de O Pombeiro, en O Grove. Las rocas presentan la negra marca del Prestige. Pero el estigma ha ido desapareciendo. «El mar lo limpia todo, pero le lleva su tiempo», comentan a bordo. La imagen de rocas manchadas se repite en Sálvora. De nuevo, la pintada realizada por la marea negra aparece en las zonas más altas de las piedras. «Ahí va a seguir sucio, hasta que venga un temporal fuerte»». Ahí y en Vionta, otra paradisíaca isla que se ha convertido en víctima de la marea negra. Pero no tanto como Ons. Allí hay una zona que está plagada de chapapote. Lo que el mar consigue arrancar lo devuelve después a la arena de la playa de A Lanzada. Pero, en el recorrido por la ría, aún hay más restos de la marea negra. Son las barreras extendidas en la zona de Aguiño. Los flotadores, que deberían ser rojos, aparecían cubiertos por una fina capa de luto. Un barco se esforzaba en recolocar la pieza de ese enorme puzzle. Cruce de saludos desde la Langosteira y el barco. La ronda se dá por finalizada tras casi dos horas de travesía. Es hora de volver a puerto. El informe, un día más, es positivo: las aguas están totalmente limpias. Arousa sigue siendo el paraíso que nunca debe dejar de ser.