Peligro barato

ana fernández y celso paz

FIRMAS

Faltan incentivos para reducir atropellos porque no generan un gran negocio

03 feb 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

El problema de los atropellos en Vigo es crónico y es asumido con resignación como precio de la movilidad. Sin embargo, no hay razón para que sean incompatibles el tráfico y un aceptable nivel de seguridad peatonal.

Se han humanizado numerosas calles y la crisis ha reducido la circulación rodada, a pesar de lo cual y, digan lo que digan las estadísticas oficiales, los atropellos siguen en un nivel que es innecesariamente desproporcionado.

Este estado de peligrosidad peatonal obedece a causas antiguas y bien conocidas como son un diseño deficiente de los pasos peatonales y el incumplimiento sistemático de las normas por parte de muchos automovilistas. A estas causas antiguas hay que añadir la carga de falsas zonas peatonales que combinan malamente vehículos y viandantes (zona de Progreso) o la profusión de semáforos ámbar intermitentes que generan una innecesaria ambigüedad en muchos pasos de cebra.

Las soluciones al riesgo peatonal son, por increíble que resulte, bastante sencillas y perfectamente conocidas. Desde el año 2007 el Ayuntamiento dispone de un amplio estudio elaborado por Iria García y Ana María Fernández que detalla el conjunto de acciones básicas cuya aplicación evitaría centenares de atropellos en Vigo cada año.

A finales del mes de enero tuvo lugar una esperpéntica prueba del desinterés y la incompetencia del concejal de Tráfico. Se trata de la habilitación antirreglamentaria de plazas de aparcamiento situadas en cruces del barrio de Casablanca. La XER acaparó espacios de aparcamiento que atentaban de manera evidente a la seguridad vial, aprovechando la inexistente supervisión del Ayuntamiento, que solo reaccionó a partir de la alerta desatada por la prensa.

El lector se preguntará por qué si las soluciones son perfectamente conocidas y fácilmente aplicables no se ponen en práctica. Nosotros no tenemos respuesta a esta inquietante pregunta, pero tras años analizando este asunto nos atrevemos a formular una hipótesis que explicaría la inacción del Ayuntamiento.

Podría tratarse de un curioso problema económico inverso, es decir, que el freno a la iniciativa municipal estaría paradójicamente en lo barato que resulta adoptar las estrategias preventivas adecuadas: no hay que excavar túneles, no hay que abrir nuevas calles, ni se precisa construir costosos edificios. Tampoco es necesario contratar más personal. Proteger a los peatones resulta tan económico que no genera negocio, y eso desincentiva mucho.

Si la pintura de señalización y los bolardos costasen millones, tal vez algún departamento municipal comisionado habilitaría una partida económica con la que engrasar la pesada maquinaria local.

Por supuesto, con la palabra comisionado nos referimos exclusivamente a la necesaria delegación del alcalde. Esta es tan solo una hipótesis, pero se ha reforzado año tras año al ver el entusiasmo con el que las administraciones locales acometieron obras millonarias de dudosa utilidad o incluso claramente innecesarias mientras evitaban abordar asuntos de mayor enjundia o verdaderamente necesarios, pero por desgracia demasiado baratos de solucionar.