1 El reloj del Santa Irene iniciará este mediodía la cuenta atrás. A esa hora está previsto que Gerardo Alonso, el relojero que le devolvió a la vida hace 16 años, dé un último repaso a la maquinaria e instale el carillón (el de los famosos cuartos) y el amplificador que garantiza que el sonido de las campanadas se escuche con nitidez en toda la plaza de América, convertida desde 1999 en la particular Puerta del Sol viguesa gracias a la iniciativa de la asociación de comerciantes de la zona.
Es precisamente Manuel Vázquez, su presidente, el que me pone al corriente de todo lo que les espera a las personas que elijan su fiesta para recibir al 2012. A las 23.30 empezará el reparto de las uvas (tienen previsto preparar 1.500 raciones). Tras las campanadas, los besos, los abrazos y hasta los petardos, la orquesta Marimba abrirá la sesión de baile-jolgorrio que se prolongará hasta las cinco de la madrugada.
Si las previsiones se cumplen, dice Manuel Vázquez que en horas punta llegarán a juntarse en la plaza hasta 12.000 personas. «Esta es una fiesta muy familiar, en la que participan padres, hijos y abuelos, muchos de ellos llegados desde Portugal como hemos podido comprobar en años anteriores». Seguro que en esa miscelánea de edades (por no hablar de que es gratis) radica el éxito de una cita que ya está plenamente consolidada.
Lo de la gratuidad, solo afecta a los asistentes, ya que el pago de los 25.000 euros que cuesta montarla se los reparten Aetravi, Concello y Diputación. La plaza permanecerá cerrada al tráfico a partir de las once de la noche.
La otras fiestas
2Claro que la de As Travesas no es más que una de las incontables posibilidades festivas que se ofrecen en Vigo para despedir el año. La mayoría de los locales de marcha ya saben lo llenos que van a estar. Y es que muy pocos son los jóvenes que no han hecho su reserva hace semanas. Por una parte, para ahorrar (si se espera a última hora la entrada se encarece hasta el 50%) y, por otra, para confirmar que tendrán plaza.
Lo primero que han contratado en la mayoría de los establecimientos, tal y como confirman los responsables de Embassi o Privée, son los reservados privados, que garantizan mesa y asiento para cuatro, seis y hasta diez personas. Todos prometen bebidas de primeras marcas y música bailable hasta el amanecer por 50 euros como mínimo y 80 como máximo.
Otra opción que no pasa de moda son las sociedades. Alguna como el Mercantil se ha adaptado a los tiempos y hace dos fiestas, una para jóvenes en la ciudad deportiva y otra para todas las edades en la sede central de Príncipe. En ambos casos empezará después de las uvas. En el Náutico se han decantado por una fiesta familiar con cena incluida. Pensando en los más pequeños, habrá servicio de animadores infantiles.
Cena incluye también la oferta de Cristian Samil. «Los asistentes irán de sorpresa en sorpresa», advierte el transformista. Pues eso.