La quiniela del 20-N

VIGO

Desde que los efectos de la demografía han dejado a la provincia de Pontevedra con siete en lugar de los ocho escaños asignados desde la recuperación de la democracia, el reparto de las actas en el Congreso ha sido el mismo: 3-3-1. El PP a la cabeza, -como ocurre desde que se desplomó UCD- se ha movido en las dos últimas generales entre el 43 y el 46 % de los votos. El PSOE ha logrado la misma estabilidad y le dio a Zapatero en la demarcación pontevedresa primero el 37 % de las papeletas y un 40 después. Y el BNG, con escaño desde el 96, solo se ha movido unas décimas de su 11 %.

El repaso tiene la intención de recordar qué escenario defenderá cada partido el próximo mes, y a partir de ahí vislumbrar quién ha triunfado y quién no.

Mezclando las expectativas reales que cada formación confiesa desde el máximo realismo posible, en la próxima legislatura Pontevedra tendría 4 diputados del PP, 2 del PSOE y 1 del BNG.

Ahora bien. Los nacionalistas no las tienen todas consigo y guardan notables dosis de temor a no mantener el escaño que primero ocupó Guillerme Vázquez y después asumió Olaia Fernández. Los socialistas dan claramente por perdido una de sus actas por la provincia, por eso no le han hecho dimitir al alcalde de A Illa, José Manuel Vázquez, en aras del cumplimiento del régimen de incompatibilidades del partido, porque como es el tercero de la lista se quedaría sin escaño y sin alcaldía. Su caso se repite por media España con otros alcaldes del PSOE, puestos en puestos fronterizos para tratar de arrastrar votos y por eso no se les pedirá que dejen el bastón de mando hasta que tengan el acta de diputado en la mano.

Y si el Bloque cree que sufrirá pero conservará su escaño y el PSOE cuenta con perder uno de los suyos, el PP no contempla otra posibilidad que no sea conseguir cuatro y quedarse cerca del quinto.

¿Y cómo encaja esa distribución de fuerzas en el esquema que se han planteado Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba? En la sala de maquinas del PP, parten con el objetivo de acercarse lo más posible a obtener un diputado más provincia. Eso les situaría por encima de lo que logró Aznar en el 2000 y les dejaría por encima de los 190 escaños.

Rubalcaba juega a otra cosa, a no quedar por debajo de los 125 diputados que empujaron a Joaquín Almunia a dimitir en el año 2000. «Si lo logra, se queda, y pilota él el partido, su transición o incluso se preparará para las siguientes generales, ya que está convencido de que la crisis se llevará a Rajoy también por delante», razona un estratega socialista.

Su margen es prácticamente el inverso al del PP, no perder más de 44 escaños. Quienes le conocen dan por hecho que los cabezas de lista provinciales que mantengan el pulso tendrán más posibilidades de estar con él en la travesía del desierto, si los resultados le permiten finalmente no dimitir. Los que no lo hagan lo tendrían más difícil, advierten.

eduardorolland@hotmail.com