El alcalde mueve los hilos para que el BNG no se vaya a la oposición y complique su gestión
29 may 2011 . Actualizado a las 06:00 h.El éxito electoral puede atragantársele pronto a Abel Caballero. El resultado del 22-M ha confirmado que los electores premian casi siempre a la cabeza visible de una coalición. Vigo ha sido una prueba más y los damnificados, el grupo nacionalista, debaten desde hace una semana cómo salir del agujero.
Inicialmente las opciones eran dos, tres incluso. Echarse al monte y dejar gobernar al PP para anular un Caballero claramente emergente o bien convertirlo en un alcalde en minoría y provocar su desgaste obligándole a negociar. Una tercera sería seguir como hasta ahora con el riesgo de devolver el BNG a las catacumbas.
La primera de las posibilidades fue arrumbada por la dirección nacionalista de inmediato, que analiza estos días las dos restantes. La militancia viguesa parece inclinada a pasar a la oposición, pero hay dirigentes que recelan, y no es para menos. La pérdida del coche oficial y de la gestión de millones de euros es un trago, por mucho que las circunstancias casi lo impongan.
Lo cierto es que un Caballero en minoría tiene mucho margen de maniobra, especialmente con la ley de grandes ciudades. El alcalde en funciones lo sabe, pero no ignora que en esa coyuntura va a tener que tragarse más de un sapo. Es una situación que quiere evitarse y por ello lleva días enviando mensajes tranquilizadores a los nacionalistas... lo que algunos en el Bloque consideran una prueba más de que les conviene dejarlo solo, al menos por ahora.
Presupuesto
El punto clave de la gestión de una gran ciudad es la aprobación del presupuesto. Con el documento presupuestario en vigor un alcalde en minoría tiene casi todo a su favor dados los poderes de la junta de gobierno. Es la gran baza para el Bloque, que puede obligar a Caballero a negociarlo punto por punto e, incluso, en un caso extremo, imponérselo junto con el PP. No obstante, si el PSOE da por seguro que el BNG no va a protagonizar una moción de censura puede aprobarlo utilizando la moción de confianza. Esto, supone que tras el rechazo de las cuentas entrarán en vigor si en un mes no hay moción de censura y sustitución del alcalde.
No obstante, el calvario de un regidor sin mayoría absoluta empieza nada más tomar posesión. La primera sesión está forzosamente dedicada a aprobar la estructura del gobierno, número de liberados, sueldos y asesores. Podría, pues, suceder que el alcalde se quedara sin sueldo, lo mismo que sus concejales, o que no tuviera liberados, siempre que populares y nacionalistas coincidieran en las votaciones.
Otro talón de Aquiles de la minoría es la Gerencia de Urbanismo, donde la mayoría que sumarán BNG y PP complicaría su funcionamiento, aunque no podrían impedir que el alcalde eligiera al gerente que prefiera. En asuntos competencia del pleno municipal o de la propia Gerencia tendrían derecho de veto pese a no gestionar.