1Ya recuperado del accidente que a punto estuvo de costarle la vida, Brais Palmás vuelve a echarse a esos caminos de Dios en su bicicleta. Que no caen en quién es Brais, pues ese joven vigués que se ha propuesto pedalear durante tres años hasta llegar a Vietnam. En ese tiempo hará mil y una eses por 24 países fotografiando espacios naturales y animales en peligro de extinción.
Será la segunda vez que intente la aventura, después de que una rama traicionera, le obligase a regresar a casa el pasado enero. Fue terrible y, sin embargo, dice que tuvo suerte. De hecho, escuchándole contar la historia, una piensa que le toco el Gordo de la Primitiva.
Llevaba 225 días a golpe de pedal. Estaba a la vera del Rhone, en la frontera franco-suiza. Mientras al anochecer realizaba sus ejercicios diarios de brazos en un bosque agarrado a la rama de un árbol, ésta se partió y cayó al suelo. Con tal mala suerte que otra rama seca agazapada bajo la hojarasca se le clavó en el cuello. Al desclavársela la sangre brotaba a borbotones.
Lejos de todo, se antojaba una muerte segura desangrado. Inexplicablemente, en mitad de la nada aparecieron unos científicos que estaban realizando un censo de tortugas en la zona. «Me salvaron las tortugas», dice. Lo mejor de todo es que los científicos en cuestión no tenían previsto ir ese día a ese lugar, pero cambiaron de idea en el último momento. Ya sin conocimiento, le trasladaron al centro de salud más cercano y, desde allí, en helicóptero hasta Grenoble después de movilizar al cuerpo de Bomberos del pueblito. «Fíjate que ocasión para disfrutar de los Alpes a vista de pájaro y yo desvanecido», ironiza.
Tres meses ha necesitado para recuperarse. Lejos de desistir de su empeño, estaba deseando que los médicos le dieran el alta para volver a subirse a la bici. Esta vez partirá desde Frankfurt que, según sus cuentas, es donde tendría que haber llegado de no habérsele cruzado la rama asesina. A la ciudad alemana llegará el domingo desde Santiago. Pues gute reise que diría un teutón.
Cetrería terapéutica
2Lo de recurrir a los animales como terapia no es nuevo. Lo que no sabía es que a la consabida nómina de perros, delfines, caballos..., se suman suman águilas, búhos, lechuzas... Es Evaristo González, secretario de la Asociación de Cetrería de Galicia el que me saca del error. «Pueden hacer mucho bien tanto a niños con problemas como a mayores», asegura.
Ayer volvieron a comprobarlo en un centro de día de la tercera edad en Vigo. A la imagen me remito. Cuenta Evaristo que no hace mucho en lugar parecido, ante el estupor de todos los presentes, y mientras acariciaba un cernícalo, una mujer preguntó «no me picará ¿verdad?». Evaristo no entendía por qué la pregunta levantaba tanto revuelo. Hasta que le explicaron que aquella mujer llevaba cinco meses sin decir ni una palabra. La cetrería cuenta con cerca de un centenar de practicantes en Galicia.