Malestar entre los afectados por los controles de acceso al pleno municipal
02 mar 2011 . Actualizado a las 11:49 h.«He ido a plenos en otras ocasiones y nunca me habían cacheado el bolso. No entiendo lo que pasó en el del lunes: 10 o 15 policías para vigilar una sesión en la que casi no hubo público ya que se había resuelto el conflicto con las limpiadoras». Un día después Ana Pérez, dirigente vecinal de Valladares y miembro de la permanente de la federación Eduardo Chao, sigue indignada por lo ocurrido. Tanto, que al terminar la sesión presentó una queja por escrito en el registro municipal con un minucioso relato de lo ocurrido.
Ese día acudió al Concello para acompañar a María Pérez, la presidenta de la federación vecinal, quien había sido invitada a hablar ante el pleno. Como los demás asistentes tuvo que identificarse ante los policías, pero una agente le pidió que abriera su bolso.
«De inmediato metió las manos dentro y puso sobre la mesa las cosas que yo llevaba a la vez que me daba la espalda. No creo que deban hacerse las cosas así; siempre frente a mí y mirándome. ¿Y si yo digo después que me falta algo? Además, me resultó muy degradante que registrara mi bolso delante de todo el mundo», rememora.
Desde su punto de vista el Concello lo tiene muy fácil «Que hagan como la Xunta o cualquier otro organismo público o en los aeropuertos e instalen un escáner. Así pueden ver el contenido sin que tener que meter la mano dentro y mostrar su contenido a los demás».
Su indignación aumentó cuando comprobó que el compañero que lo acompañaba pasaba dentro sin que nadie mirara su bolso. Interrogó a los agentes y al final reconocieron que registraban a las personas que les parecía conveniente. «¿Quizás solo a las mujeres?», se pregunta esta dirigente vecinal de Valladares.
Aunque esta persona no fue registrada si hubo varones que tuvieron que abrir su bolso ante los policías. Óscar Álvarez, padre de una niña del colegio Altamar, acudió una vez más al pleno para protestar por la negativa del gobierno local a que se construya un nuevo centro escolar de dimensiones adecuadas.
«También me abrieron el bolso y palparon dentro. A los del colegio nos quitaron unos carteles de pequeño tamaño que hemos exhibido otras veces, pero siempre en silencio, sin molestar y sin interrumpir la sesión». Álvarez recibió de los agentes la explicación de que la orden de registrar bolsos la había dado el alcalde. «Y en la sesión anterior además nos obligaron a abrir los abrigos y nos cachearon el cuerpo para comprobar que no llevábamos los carteles debajo de la ropa», explica.