El retablo perdido en San Martiño

J. Santos MOAÑA/LA VOZ.

MOAÑA

El párroco moañés desmanteló hace sesenta años el bajorrelieve de ánimas en el que aparecía un papa, un obispo, un cura y un fraile ardiendo en el Purgatorio

17 nov 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

La cultura del desarrollismo acabó con los retablos laterales de la iglesia de San Martiño, en Moaña, a mediados del siglo pasado. Con ellos se perdió el curioso bajorrelieve de ánimas en el que arden en las llamas del Purgatorio seis figuras. De ellas, una simbolizaba al Papa; otra, a un obispo; la tercera, a un cura; y una cuarta, a un fraile. No está claro si fue quemado o la recuperó algún vecino y la oculta en su casa.

El cura que decidió deshacerse de los retablos fue Donato Bernárdez, que había sido nombrado párroco en 1950 por recomendación de los señores de O Rosal, que tenían derecho de presentación. Fue la última vez que lo ejercieron.

El cura ordenó desmontar los dos retablos, de los que existía constancia en el año 1671. El investigador moañés Manuel Uxío García Barreiro encontró un apunte en el libro de cuentas de la cofradía de la Virgen del Rosario con esa fecha, referido al pago de la obra. Costó entonces 250 reales, más otros 400 pintarlo. Según indica el citado estudioso, el párroco mandó tirar las tallas centenarias en la llamada Casa da Fábrica. Un vecino hizo el intento de recogerlas, pero el sacerdote le dijo, señala Barreiro, que ya habían cumplido «su campaña».

Donato Bernárdez fue también el autor de un extraño invento. Cortó lateralmente un sarcófago medieval de piedra guardado en la rectoral para utilizarlo como lavadero.

En 1942, José Costa Alonso propuso construir una nueva iglesia en A Praia. Cinco años después se colocó la primera piedra de la que iba a ser la iglesia de la futura parroquia de Moaña.

En el acto ni se citó a Costa Alonso, según hace constar Barreiro en un artículo del libro de este año de las fiestas de San Martiño que lleva por título «Declive da centenaria fregresía de Moaña».

Donato Bernárdez vendió fincas donadas a la Iglesia para costear la construcción del templo de Moaña. A partir de 1961, cuando se inauguró, el párroco «estivo a escudriñar», señala Barreiro, la forma de dividir en dos la parroquia. Tres años después nace la del Carmen

Olvidada por el que aún era su párroco, la iglesia románica de San Martiño, del siglo XII, comenzó su proceso de deterioro. Cuando se hundió parte del techo, entre el cura y los vecinos decidieron construir un forjado de hormigón para aguantarlo. Fue en 1974. Cayó después la rectoral, restaurada recientemente por el Concello.