«Una vez me dijo un cliente que se habían movido los maniquíes»

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En Vigo cuenta con una veintena de comercios, aunque trabaja para toda Galicia. Ha montado casetas para firmas españolas en París, Roma, Milán y Florencia

15 nov 2010 . Actualizado a las 12:51 h.

Xulio Vázquez El buen paño ya no se vende en el arca. Casi no existe un comercio sin su escaparate. Hay quienes lo han bautizado como el vendedor silencioso. Para otros es sencillamente el primer dependiente. Algo tendrán cuando mucha gente no se ruboriza al decir que ha pasado la tarde viendo escaparates. Se han convertido en un claro objeto del deseo. Pero detrás están las manos de un artista creador de sueños. Capaz de presentar productos de compra lúdica. El truco está en saber combinar objetos, luces y colores, para formar un espacio que resulte atractivo a los peatones. Alberto Cela Martínez, Berto , (57 años) es un mago del escaparatismo. De su reconocido prestigio ya se hacen eco más allá de la Canda y el Padornelo.

-¿Cómo definiría a un escaparatista?

-Debe ser una persona creativa. Muchas veces no sabes lo que te van a ofrecer. Es como una caja de sorpresas. Hay que saber improvisar. -¿Es algo elitista? -Cuando empecé sí lo era, porque no había medios, ni escuelas. Era un escaparatismo de vocación. De hecho, yo había estudiado decoración. Pero hoy día ya se hace un curso de dos años para sacar el título. -¿Recuerda el primer escaparate que montó? -(Sonríe). Fue un desastre. Era de lencería, pero mandaba más la propietaria del negocio que yo. Me resultó muy complicado. Cosas de la juventud. -¿Ya habrá perdido la cuenta de los trabajos realizados? -Sí, porque llevo en esto desde 1973. Antes se utilizaban otros materiales. Se usaba mucho la tanza, es decir el nailon y el sedal para colgar todo, como poner ropa tendida. Pero aparecieron los maniquíes y se agilizó el trabajo. Lo que se hacía en cinco horas, se resuelve en menos de la mitad. En tiendas punteras se cambian cada tres semanas o al mes. -¿Cambió la mentalidad? -Sí, por completo. El propietario de la tienda ya no desea exhibir todos los artículos en el escaparate. Existe una mejor comunicación con el escaparatista. -¿Entienden su trabajo? -Sí, además lo valoran. El 90% de los comerciantes me dan libertad para los escaparates. -¿Discute con ellos? -No, nos llevamos muy bien. -¿Cómo se organiza? -Primero hay que valorar el tamaño del escaparate y ver la iluminación que tiene. En cada campaña se suele cambiar el decorado. A mi me gusta jugar con las estaciones del año para elegir los temas. La base principal es el colorido y saber combinar los estilos de ropa. Prefiero concentrar los artículos en una zona y que queden espacios. -¿En qué se inspira? -Viajo bastante y acudo a ferias, con el fin de observar las tendencias. También hice muchas casetas para firmas nacionales en Italia y Francia (Milán, Florencia, Roma y París). -¿Le han movido algún escaparate? -Sí, me pasó una vez. A los pocos días lo cambiaron. El cliente me dijo que se habían movido los maniquíes. Me dolió porque era un buen profesional, pero rompí la relación con él. -¿Están bien pagados? -En mi caso sí lo estoy. -¿Muchos clientes de Vigo? -Sobre veinte, pero trabajo para toda Galicia. -¿Nunca hizo dos iguales? -Para nada. Siempre guardo las distancias, nunca hago un escaparate cerca del otro, prefiero no coger el trabajo si es del mismo ramo. -¿Lo más raro que hizo? -Fue uno de corsetería. Puse una mesa como si fuese para una celebración y coloqué las piernas de los maniquíes debajo de ella. Me llamaron la atención, pero tuvo tanto éxito que terminaron por felicitarme. -¿Lo que más utiliza para decorarlos? -Elementos como una mesa u otro mueble sobre los que coloco la ropa, además de emplear los maniquíes, que siguen siendo el material más importante. -¿Y hacerlos con gente real? -En la década de los setenta y ochenta estuvieron muy de moda los escaparates vivientes. En Vigo se hizo uno de lencería y tuvo mucho éxito. Pero yo nunca lo utilicé.

-¿Alguna anécdota?

-Puse unas manzanas rojas para decorar una tienda de marroquinería y algunos entraron a preguntar cuánto costaba el kilo de las manzanas.