La expulsión de la esclava negra del párroco en 1652

La Voz

VIGO

La exposición colgada en el recinto de la renovada rectoral hace un recorrido por la historia de la parroquia hasta 1812. El autor, Manuel Uxío García Barreiro, incluye varias curiosidades que fue encontrando en diversos archivos.

En el Diocesano descubrió un acta del 28 de abril de 1652 que refiere una visita pastoral. El visitante informó después al arzobispo sobre la existencia de una esclava de raza negra que tenía un hijo de dos años. Al parecer, el párroco, José Pazos Saavedra, hijo de los señores del pazo de O Rosal, la había enviado a Vigo para ocultársela al visitante, pero no logró que los rumores le pasasen inadvertidos. El señor de O Rosal había traído a Moaña dos esclavos en una de sus campañas guerreras por África. Entonces, señala Barreiro, era un signo de distinción.

El se quedó con el hombre y cedió a su hijo, el párroco, la mujer. Lo que escandalizó al sacerdote que realizó la visita fue que se permitiese que ambos esclavos mantuviesen relaciones sin la oportuna bendición de la Iglesia.

El arzobispo ordenó al cura regalar o vender a la esclava y al niño. El investigador moañés perdió ahí su pista.

Otra curiosidad que explica la profusión de muros de cierre es el pleito que cita Barreiro entre ganaderos y labradores. Los segundos denunciaron a los primeros porque las ovejas y cabras les comían las cosechas. La demanda acabó en la real Audiencia de A Coruña. El juez dio la razón a los ganaderos por considerar de importancia económica capital su actividad y obligó a los labradores a cerrar sus fincas con muros de siete cuartas (1,40 metros, aproximadamente).

La exposición recoge también el litigio de los cosecheros contra un tabernero por comprar dos carros de vino en la comarca de O Rosal, en 1741. La ley obligaba a las tabernas a comprar el vino en la localidad. Los labradores también pleitearon con el párroco en 1782 cuando este intentó cobrar diezmos por los guisantes, castañas y la lana. Ganaron el juicio.

La iglesia románica fue ampliada en 1763. Se le adosaron dos capillas y se cambió la espadana por un campanario. El constructor fue el vecino de O Hío Esteban de Lobera, quien también se encargó de realizar sendas ampliaciones casi idénticas en las iglesias de su parroquia y en la de Darbo, en Cangas. La de San Martiño la pagó un emigrante del barrio de O Casal que había amasado una fortuna en Colombia, Lorenzo Paredes