Un motor económico al ralentí

VIGO

Zona Franca y Caixanova llevan tres años advirtiendo de la lenta pérdida de peso de Vigo y del desequilibrio territorial

31 oct 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Hace dos años que los análisis estadísticos de Caixanova vienen reflejando un lento pero constante declive industrial en Vigo. Aunque la caja no debiera ser sospechosa de sus raíces y sentido vigués, hay que añadir para los optimistas exacerbados o para los que prefieren no ver, que otra institución de la ciudad, la Zona Franca, retrata un panorama económico incluso más sombrío para Vigo desde hace ya tres años. Es más, en el caso del Consorcio, la pérdida de influencia empresarial y fabril de Vigo en el conjunto de Galicia y de los ingresos que aporta a la comunidad es extendida a toda la comarca e incluso a la provincia de Ourense, advirtiendo del creciente desequilibrio territorial que poco a poco se va consolidando en la autonomía.

Caixanova y Zona Franca, para los no avisados, acaban de ser reconocidas como instituciones claves de la ciudad en los actos del segundo Bicentenario, lo que hay que recalcar porque en Vigo abundan los dirigentes que en lugar de ver hacia dónde se apunta prefieren mirar para el dedo.

Al margen de las estadísticas, es un hecho que el AVE de Madrid ya no llegará a Vigo media hora antes que a A Coruña, como prometió Abel Caballero. Por más que se empeñe el regidor, también Iberia está sondeando a sus empleados para sustituir en Peinador la marca de su aerolínea por otra de menor nivel, o ceder sus vuelos a otra compañía participada.

Vulcano no es más que otra expresión de esa falta de interlocutores de talla, mientras Vigo también pierde su condición de capital de la eurorregión al demostrarse incapaz de evitar que Portugal cierre el paso a nuestras industrias y comercio con el caso de los peajes, o al no conseguir que el proyecto de unir el sur de Galicia por alta velocidad con Oporto no muera de inanición.

Las largas trabas que PP y PSOE se ponen para invertir en Vigo desde las instituciones que gobiernan es otro de los grandes males que atenaza desde hace años a la ciudad y que no tienen parangón en ninguna de las otras urbes gallegas.

El Concello dificulta a la Xunta el arranque de proyectos vitales, y el Gobierno gallego demora los que podrían estar en marcha, para no dar bazas al alcalde y aguardar a que las urnas puedan deparar un cambio en el color político de la ciudad el próximo año.

Es cansado, aburrido incluso, tratar de espolear la conciencia colectiva del viguismo alertando de los peligros que acechan a la ciudad, pero la Zona Franca acaba de activar de nuevo las alarmas y Caixanova lo hará en breve seguro también, y así se repetirá hasta que alguien logre aunar en favor de la ciudad a las instituciones, se renueven liderazgos y se eleve la voz de Vigo más allá de Bouzas o Teis.