La memoria cinematográfica, las grandes narraciones históricas y la visualización de lo que no queremos ver conforman el argumento común de las obras del portugués Vasco Araújo y el venezolano Javier Téllez, que bajo el título Máis que a vida se puede ver en el primer piso del Museo de Arte Contemporánea de Vigo (Marco).
Se trata de una coproducción entre el Marco y la Fundación Calouste Gulbenkian de Lisboa, en cuyo espacio expositivo fue estrenada hace unos meses. Cine, vídeo, fotografía e instalaciones conforman el soporte del discurso artístico de Araújo y Téllez. La doble antológica, que incluye una revisión de los trabajos de ambos artistas, también cuenta con piezas creadas específicamente para la exposición, que está comisariada por la portuguesa Isabel Carlos. «El cine es una presencia constante que tiene que ver con mi memoria, ya que mi abuelo tenía un cine y, cuando éramos pequeños veíamos hasta seis películas diarias», dice Javier Téllez, para explicar su relación con el arte.
A este circunstancia añade su vinculación con la psiquiatría a través de la profesión de sus padres. Ambos elementos se materializan en la revisión de La pasión de Juana de Arco , de Dreyer, que el artista venezolano traslada a una versión dialogada por pacientes del psiquiátrico de Rozelle, en Sídney.
Por su parte, Araújo engarza sus influencias del cine de Almodóvar o Fassbinder con el tratamiento artístico de las disfunciones psicológicas y familiares, para ofrecer la serie fotográfica Todos os que caem , en la que asume una patología mental para autorretratarse en el Hospital Júlio de Matos de Lisboa.
El componente historicista lleva al artista venezolano a recuperar la historia del rinoceronte enviado por el rey Don Manuel de Portugal al papa en 1513, que fue pintado por Durero. Téllez lleva al soporte videográfico la presencia de un rinoceronte embalsamado en un psiquiátrico, mientras que Araújo juega con insectos resecos para situarse en un plano más allá de la vida, «como el arte, el teatro o la literatura», apunta la comisaria Isabel Carlos.
El diálogo entre los dos creadores contemporáneo se materializa en diecinueve piezas, creadas entre el 2006 y el presente año.