La carraca socialista

VIGO

Sorprende la polémica sobre las primarias del PSOE local porque, lejos de convertirse en batalla, se ha instalado como ruido de fondo, lo que par0ece el objetivo de sus promotores. A nadie se le ocurre que la corriente crítica, llamada Socialistas vigueses pro Primarias 2010, crea que tien la más mínima probabilidad de desbancar a Caballero como candidato a la Alcaldía. Por tanto, las motivaciones son otras. Unos aspiran a obtener alguna porción de poder, por el clásico procedimiento transaccional, en el que el opositor gana una prebenda a cambio de renunciar a la confrontación. Otros, menos pragmáticos, avivan el fuego sólo porque el incendio es su hábitat natural. Y alguno hay, por último, que parece estar deseando que lo expulsen del partido, al objeto de que un improbable martirio pueda resucitar su popularidad para crear una candidatura en solitario, como progresista vigués independiente, que se soñaría llave de una futura corporación. Cosas peores se han visto.

El caso, sin embargo, es que el conflicto no termina de cuajar. Y eso que la plataforma intenta que no haya dia sin polémica. Una mañana, toman unas fotos de un cartel en la sede socialista, donde se advierte de que estará cerrada hasta septiembre. En el folio, pegado a un portero automático, un vecino molesto ha escrito: «Dejen de llamar al telefonillo: ¡Esto no es la sede del PSOE!».

Como quiera que esta imagen es más humorística que escandalosa, los más audaces, como Carlos Príncipe, aprovechan todo foro posible para arrear estopa y pedir «más democracia» en el partido. Como se ha publicado que, al menos en una ocasión, se hallaba nuestro hombre en un congreso médico en Sudáfrica, suponemos que la cosa le va a salir en un pico de teléfono, teniendo en cuenta el roaming internacional.

Tanto esfuerzo, sin embargo, para encontrar poco eco. Y es que las encuestas propias y ajenas dicen que Caballero va a obtener un buen resultado electoral. Que mejorará las cifras de 2007 y que hay carteles de Alcaldía para rato. En estas circunstancias, a nadie se le escapa que promover unas primarias, o cuestionar al candidato, es poco menos que un suicidio político colectivo.

Además, la plataforma expone argumentos que la ayudan en muy poco. El miércoles recordaron al alcalde «que el 38% de los militantes de Vigo no lo apoyó» para que presidiese la agrupación socialista local. Es fácil calcular que el 62% restante sí le dio su apoyo y que tal porcentaje, en democracia, no sólo es suficiente, sino que raya la goleada. Recordemos que Zapatero es secretario general del PSOE por un 1% de los votos sobre Bono, 414 frente a 405. Y a nadie en su sano juicio se le ocurrió cuestionar su liderazgo cuando se presentó a sus primeras y segundas legislativas.

Claro que los socialistas vigueses son capaces de esto y de mucho más. Y no hace falta recordar que, en más de una ocasión, han terminado en poco edificantes espectáculos pugilísticos. Confiemos en que, esta vez, no haya puñetazos. Aunque estas polémicas, al votante de a pie, le sigan pareciendo descorazonadoras.