Un hombre que se metió a vivir en un inmueble municipal abandonado se ofrece a restaurarlo porque es albañil
03 sep 2010 . Actualizado a las 11:43 h.José Luis Santos González es el «okupa» de Gondomar. Hace un tiempo que reside en la casa del conserje del antiguo colegio Enrique Rodríguez Márquez.
Este inmueble se encuentra en un completo estado de abandono, a pesar de las reiteradas promesas electorales de convertirlo en una residencia para emigrantes y que incluso motivó hace años la concesión de una subvención para llevar a cabo un taller de empleo. Las ventanas del edificio han sido arrancadas, circunstancia que este hombre de 51 años de edad aprovecha para poder entrar a dormir cada noche.
Tiene una escalera artesanal escondida junto a la orilla del río Miñor y cuando quiere entrar la saca y la pone bajo una de las ventanas que dan al patio del antiguo colegio.
Una vez arriba, tira de la escalera con una pequeña cuerda y la mete para adentro para que nadie se la robe y pueda salir del edificio a la mañana siguiente. Problemas familiares le apartaron de su domicilio habitual en el centro de la villa condal.
Expulsado de la chabola
José Luis Santos ha acabado en esta vivienda que está casi en ruinas porque le echaron de una chabola que tenía en una de las naves de Talleres Juanín. Allí vivió durante dos años, hasta que un día de este verano se encontró con que le habían atrancado la puerta para que no pudiera volver a entrar.
El propietario de las instalaciones no quiere más gente viviendo allí y además su inquilino tuvo problemas con los vecinos. Le ha dado hasta hoy viernes de plazo para que saque todas sus pertenencias.
Así que tuvo que volver a buscarse la vida y encontró cobijo en estas dependencias municipales, aunque espera que pueda ser una situación temporal, puesto que también dispone de un ofrecimiento para residir en una propiedad de la parroquia de Vilaza. José Luis llega por la noche a la antigua vivienda del conserje y a sale a primera hora de la mañana. Unos cartones le sirven de colchón.
Es albañil y hace diversos trabajos de construcción, chapuzas que le van saliendo en diferentes sitios, gracias a que siempre mantiene operativo su teléfono móvil y le van llamando.
Afirma que no quiere estar «de gorra» usando la casa abandonada del Ayuntamiento, a pesar de que no genere ningún consumo ni de agua de luz ni de luz.
Próximamente pedirá una cita con el alcalde, Martín Urgal, para proponerle que le contrate para hacer trabajos en la casa y poder ir recuperándola poco a poco, con la condición de que le permitan seguir viviendo en este lugar hasta que encuentre un espacio definitivo. Incluso plantea borrar las pintadas que afean la fachada de la casa dentro de un entorno municipal que se encuentra abandonado desde hace muchos años y que ha servido para alimentar las ilusiones de muchos emigrantes.