Tui-Roma, dos meses a pie por una promesa

Tania Alonso CANGAS/LA VOZ.

VIGO

Una canguesa peregrina desde Galicia hasta el Vaticano como ofrecimiento a Lourdes. Antes de emprender sola el viaje se cortó el cabello para parecer un hombre y entrenó físicamente

01 sep 2010 . Actualizado a las 11:58 h.

Lourdes Chapela emprendió su viaje de dos meses y cinco días sin casi cabello, sin mapa, sin compañía, pero con una deuda: realizar la promesa que años atrás le había hecho a la virgen de Lourdes para que salvase a su tía del tétanos. La virgen cumplió y ella nunca se olvidó de su compromiso por eso peregrinó desde el 17 de abril hasta el 22 de junio desde Tui hasta el Vaticano. Allí se sintió en paz por fin.

La canguesa Lourdes, de 55 años, decidió que de este año no pasaba la peregrinación prometida. «Non quería chegar os oitenta e darme conta de que era demasiado tarde para facela». Por esta razón, acumuló las vacaciones del año pasado para poder permitirse pasar dos meses sin acudir al trabajo. Precisamente, fue uno de sus colegas quién le confeccionó una hoja para el sellado de los albergues en la que en cada recuadro aparece sobreimpresa cada una de las catedrales que se encontraría en su camino y que ahora están cubiertas con tinta del registro. Muestra con orgullo la hoja y señala el espacio donde le pusieron el sello de la catedral de Lourdes, en su paso por Francia.

Antes de emprender el viaje, la peregrina se cortó el cabello casi a cero para parecer un hombre y sentirse más segura durante el camino. El 17 de abril comenzó su aventura valiéndose de unas indicaciones sacadas de google maps que le ofrecían datos a grandes rasgos sobre el trayecto a seguir. Ya se las arreglaría durante el camino para conseguir información acerca de la ruta.

Su diario, su cámara, su bastón, una esterilla y una mochila fueron su único equipaje durante 66 días. Lourdes ha hecho un peregrinaje a la inversa y partió de Santiago con destino Roma. Pero antes tuvo que hacer el recorrido Tui-Santiago para que le permitiesen quedarse a dormir en los albergues del camino que llevan hasta Italia. Como parte de su promesa, se desvió en su paso por Francia hasta Lourdes.

Ahora que ha vuelto, la caminante compara su experiencia con la vida: «cada etapa de peregrinaxe é como un día máis no que superas os obstáculos que se che presentan e te enfrontas con máis forza aos que veñen», cuenta.

Algunos de esos obstáculos se tradujeron en falta de hospitalidad: «en Italia non funciona a caridade cristiana», afirma la peregrina a la que un sacerdote negó asilo en su iglesia. En más de una ocasión tuvo que pagar hasta 60 euros para poder dormir a cubierto «a costa italiana é carísima e como non está extendido o concepto de peregrino, mirábanme mal se me sentaba a descansar nun banco e me quitaba as botas». Pero de Italia también guarda sus mejores recuerdos, parte de ellos en la ciudad de Pisa. «Desvieime ata 60 kilómetros do camiño para ver esta cidade». Y no le defraudó. Junto a este lugar lo que más le gustó fue el paisaje «cheo de ríos e bosques preciosos».

Lourdes se siente orgullosa de la experiencia, pero se arrepiente de algunas cosas como de no haber hecho caso a los consejos de un experimentado peregrino que le recomendó hacer el camino por Toulouse. Ella prefirió seguir la ruta que tenía prevista por la costa y se encontró con precios abusivos y con más asfalto que naturaleza. «Se volvera a repetir faría caso do consello», asegura. Porque sí. Lourdes pretende repetir si se le presenta la ocasión. Y no solo eso. Lo aconseja como experiencia. «Volves diferente. Saes con medo, pero ao regreso sintes que eres capaz de cumprir o que te propoñas», dice mientras agarra su maltrecho pero muy útil bastón.