El primero en la bulliciosa Baiona y el segundo en el relajante Mondariz, pero ambos a poco más de 48 horas vista de regresar al plató de Gavilanes, esa historia televisiva en la que se reparten, casi a partes iguales, elevadas dosis de amores e intriga. Da la impresión de que los directores de series se los rifan. No hay más que echar un vistazo a sus currículos que, desde que se cruzaron por vez primera hace una década en Al salir de clase, no han hecho más que coincidir.
Lo que no compartían hasta ahora (que se sepa) es un devoción por el sur de la provincia de Pontevedra. Y es que mientras Rodolfo no perdona su escapada veraniega a Pías, territorio muy ligado a su infancia, ya que allí estaba (y está) la casa de sus abuelos, Baiona ha sido para Fernando todo un descubrimiento, en el que es muy posible que haya tenido algo que ver su compañera María Castro (Sin Tetas...), asidua de los veranos de la villa.
Rodolfo, en compañía de su novia, Xenia Tostado, se entregó sin miramientos a pasmar, cometido que tendría que subvencionar la Seguridad Social. El retiro antiestrés incluyó tratamientos balnearios a la carta, largos paseos por las orillas del Tea, uno de los lugares de juego habituales en su infancia, comidas en familia y algún partidillo con su hijo Daniel, una promesa del tenis. Fueron muchos los que le preguntaron por su padre, Sancho Gracia, que se está recuperando de una recaída en su lucha contra el cáncer.
Al margen de Gavilanes, a Rodolfo le espera una película, en la que compartirá reparto con José Coronado: No habrá paz para los malvados, a las órdenes de Enrique Urbizu.
En cuanto a Fernando Andina, lo encontramos el viernes cenando en la terraza del Pazo Mendoza, donde también le descubrieron algunos fans, así es que, antes de dar buena cuenta de las viandas, no se libró de firmar autógrafos y posar para improvisadas fotos de móvil, entre otros, junto a Chiño Sequeiros, su camarero esa noche.
El lleno total que han tenido los restaurantes y locales de ocio este agosto en Baiona no facilita precisamente encontrar a nadie, sea famoso o no lo sea, como no se haya quedado previamente. Dar con Wally sería más fácil. «Esto no es nada, ha habido noches verdaderamente imposibles», asegura el alma máter de la casa, Pedro Villamarín, que añade que es el primer día en todo el mes que puede permitirse el lujo de sentarse a cenar.
Pedro es un hombre de palabra. Había prometido compartir la primera botella de Sketch (el albariño que el gurú Raúl Pérez cría en el fondo del mar) que cayera en sus manos y cumplió. Emilio y Amalia fueron los otros dos compartidores. La producción de Sketch no llega a las mil botellas, así es que casi es más complicado poder catar una que acertar la Primitiva.
Nos cuenta que hay vips que están dispuestos a pagar «lo que sea» por hacerse con una caja del vino de la etiqueta azul, pero al parecer la cosa no va de dinero, sino de amistad.
El naviero vigués acaba de abandonar la isla, donde ha pasado un mes en familia. Según parece, Fefé ha echado mucho de menos sus singladuras estivales. De hecho, mientras su mujer se entregaba a todo tipo de tratamientos termales, él ha tenido tiempo hasta para aburrirse. Porque aburrimiento es la palabra que podía leerse en su cara, a juicio de algún habitual de la zona.
Los problemas de la Factoría Naval de Marín, a la que encargó su nuevo (y aún inconcluso) yate para sustitur al Nufer, le chafaron totalmente los planes. Tan mal le sentó el retraso que dijo que ya no lo quería, que su paciencia se había agotado. Con todo, podría no haber cerrado del todo la puerta porque, según cuenta una persona que algo sabe de la operación, conserva una opción de compra.
Y, mientras tanto, el nuevo propietario del Nufer, para más señas sobrino de Amancio Ortega, no paró de navegar en todo el verano. Cosas.
Tal día como hoy hace 31 años moría en Vigo Celso Emilio Ferreiro. Un buen homenaje sería releerlo: «O teito é de pedra./ De pedra son os muros/ i as tebras./ De pedra o chan/ i as reixas./ As portas,/ as cadeas,/ o aire/ as fenestras,/ as olldas,/ son de pedra. Os corazóns dos homes / que ao lonxe espreitan...».