«Mi invento para el 'Prestige' podría ser efectivo en el Golfo de México»

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Dice que el sistema que diseñó con un cable piloto de nailon permite guiar una campana hasta el epicentro del hueco por el que se fuga el petróleo en el mar para lograr sellarlo

28 jun 2010 . Actualizado a las 12:18 h.

Xulio Vázquez Hay a quien se le enciende la bombilla y no tiene que pagarle el recibo a la compañía eléctrica a final de mes. Pero son muy pocos, porque se trata de los inventores. Aquella frase de Unamuno: «¡Que inventen ellos!» nunca fue con Armando Álvarez Alonso (67 años). Todos estos días se echa las manos a la cabeza al ver en la televisión como la tecnología de Petroleum (BP) no acaba de evitar la catástrofe en el Golfo de México, por su incapacidad de sellar la fuga del petróleo. Él cree que tiene la fórmula para conseguirlo desde hace siete años. La ideó cuando fue lo del Prestige . Una pena que no haya llegado a los oídos de Obama, porque ya no tendría que «patearle el trasero» a alguien. Pero ya en la década de los ochenta sorprendió a los bañistas con una bicicleta marina y otra anfibia. Se desplazaba con ellas sobre el mar como por tierra firme. También pergeñó un sistema de contenedores subterráneos mucho antes de algunos que puso el Concello. Ahora está enredado en un proyecto para economizar el gasto del agua en los hogares. -¿A qué se ha dedicado? -Estudié dibujo mecánico y proyectos de máquinas para ejercer después de matricero ajustador. -¿Qué está fallando en el Golfo de México para no conseguir controlar por completo la fuga del petróleo? -Por las imágenes que he visto, están utilizando una campana para extraer el crudo, pero lo fundamental es cómo guiarla para evitar el vertido del petróleo en el mar. Lo que está claro es que no acertaron a colocarla en el lugar exacto. Además, hay que tener en cuenta también el gas que sale a la vez, lo que contribuye a que la presión de atmósferas o newton por metro cuadrado sea mayor. -¿Cuál sería la solución? -La clave estriba en utilizar un cable piloto de nailon, por su densidad, similar a los que se usan para amarrar a las grandes embarcaciones (petroleros, cargueros o trasatlánticos) en los puertos. Para fondearlo se podría emplear una boya y luego un robot submarino lo conduciría al epicentro de la fuga. Ese cabo, con un lastre, se introduciría en la chimenea de la campana, provisto de un ancla reversible, como un paraguas. Entraría cerrado y luego se abriría. También se podría utilizar una carga de profundidad en la campana, si se optase por el sellado. Pero lo importante es que el cable llegue primero al punto exacto del hueco por el que se fuga el petróleo. Así, sería eficaz el sistema empleado, para que a través de ese cabo bajase la campana que queremos colocar. -¿En qué consiste su invento al respecto? -Lo que yo diseñé fue a raíz de la catástrofe y posterior hundimiento del Prestige. Pero también podría ser efectivo en el Golfo de México. Yo hice un estudio que sirve en el caso de un barco tanto para aspirar el fuel del depósito como para dejarlo enterrado, como si estuviese dentro de un sarcófago. El primer sistema contempla la perforación del tanque, mediante una fresadora hidráulica, empleando un robot submarino. Luego se puede extraer con una bomba. -¿Y la otra opción? -El enterramiento también lo intentaron en el Golfo de México, incluso emplearon barro y otros elementos sin éxito. Pero en mi estudio teórico se utilizaría una especie de elevador (un contenedor), que se bajaría por el cable piloto de nailon, con un anclaje reversible. El contenedor dispone de dos puertas, que se cierran al cargarlo de hormigón pero, como también lleva una leva cónica, se abrirían al depositarse sobre el objetivo, descargando el hormigón para dejar sellado el agujero. Al ir igualmente provisto de unas boyas, tras perder el peso, lo obligaría a subir hasta la superficie del mar, donde se cuenta con un barco de apoyo para hacer la operación. -¿Cómo se le ocurrió lo de las bicicletas anfibias y marinas? -Fue hace más de veinte años. Las hice con la idea de que las pudieran utilizar mis hijos en la playa, pero también las usé yo. -¿Dieron resultado? -Sí, incluso fui pedaleando por la ría hasta Cangas y, cuando nos presentamos con ellas por la playa de Samil o en Baiona, constituyeron toda una atracción. Una empresa llegó a fabricarlas, pero me timó en el porcentaje y le retiré la patente. Vendía en Portugal más de las que me pagaba.