El aparato del Concello desactiva otro foco crítico, y van cuatro

VIGO

El PSOE barajó varios perfiles para dominar el nuevo colectivo vecinal, que proclama como ideario llevarse bien con el poder

20 jun 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Antes incluso de ser elegido alcalde, Abel Caballero diagnosticó como uno de los principales problemas de Vigo el contar históricamente con demasiados colectivos críticos con la acción del gobierno municipal. Su radiografía del equilibrio de poder social de la ciudad evidenciaba la incomodidad que intuía debía producir tener que consensuar con vecinos, empresarios, sindicatos, y demás poderes fácticos la prioridad de los proyectos de infraestructuras, el sentido del gasto social, la concesión de subvenciones o tener que dar excesivas explicaciones sobre las filias y fobias que anidan en toda alcaldía.

Por eso, una vez logrado el bastón de mando, no dudó en convencer por todos los medios a unos y cercar a los otros hasta acabar con cualquier atisbo de crítica en los colectivos de representación urbana. Lo hizo en la Fundación Provigo, aunque fuera necesario desactivarla hasta hacerla prácticamente desaparecer; lo hizo con el movimiento sindical, amaestrado como nunca en sus relaciones con el Concello; lo logró también con los líderes empresariales, al dar con el talón de Aquiles de sus intereses particulares, y, tras tres años de acoso, ha conseguido también domesticar a la máxima representación del colectivo vecinal, que proclama sin ambages como guía principal «llevarse bien con el Concello».

¿Y cómo no se va a llevar bien? si es desde el consistorio y los partidos de su Gobierno desde donde se han tamizado los perfiles de sus nuevos dirigentes. Tanto fue así, que en el propio PSOE vigués se vivió en las últimas semanas una pugna por colocar al más afín a cada uno de los grupos que terciaron en el reparto. Una de las últimas candidaturas en ponerse encima de la mesa fue la de María José Pérez Mariño. Sectores jóvenes y progresistas del partido entendieron que la secretaria de la Asociación de Vecinos de A Miñoca podía darle un plus de experiencia en gestión acumulada por la anterior directora xeral de Ordenación e Innovación Educativa de la Xunta bipartita. Pero que se vuelva a colar un Pérez Mariño en la actualidad local, dicen que a Caballero le producía sarpullidos, aunque se tratase de la hermana del ex alcalde. Atento a la jugada, el concejal de Seguridad, Xulio Calviño, apunto y apuntaló a un veterano sindicalista y amigo como Eduardo Fernández para que el presidente de la asociación de Lavadores se convirtiese en el sustituto de la díscola Elena González. Pero la facción de UGT del Concello, que lideran Carlos López Font y Santos Héctor, pensaron que tampoco era necesario ceder el bastón así como así a un referente de CC. OO., que en todo caso será responsable de Cultura y relaciones con las asociaciones en la nueva federación vecinal.

Una empleada del propio Concello, hasta ahora a las órdenes directas de la concejalía de Participación Ciudadana, fue la salida más ocurrente para dar a la nueva estructura por controlada. La propia María Pérez aseguró ser la primera sorprendida por su elección como nueva presidenta vecinal, no les digo más. O sí. Además de que su candidatura haya sido alumbrada desde el Concello, el tesorero, Carlos Formigo, milita en el PSOE. El propio Eduardo Fernández, lleva años también en las filas socialistas. El nuevo responsable de Urbanismo, Valentín Hernández, defiende las mismas siglas. Y al otro lado del pacto, el secretario de la Federación, Xabier Pérez; el encargado de Medio Ambiente, Francisco Piñeiro, y la de Bienestar Social, Ana Pérez, militan en el BNG. A todo ello, nada que objetar, faltaría más, pero ni se puede negar la politización de la nueva cúpula vecinal (lo que el alcalde y los nuevos representantes criticaban a sus predecesores), ni tampoco se puede ocultar que un nuevo foco crítico se acaba de desactivar.