«Cuido a una persona con alzhéimer como si fuese un bebé»

Xulio Vázquez VIGO/LA VOZ.

VIGO

Durante los cinco años que lleva en Vigo siempre trabajó en el servicio doméstico

01 jun 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Es natural de Campo Grande, la capital del Estado Mato Grosso del Sur. Está en el centro occidental de Brasil. Una tierra a la que llegaron los bandeirantes (exploradores) portugueses en el siglo XVII en busca de oro, diamantes y aborígenes para los trabajos agrícolas. Esa riqueza natural es la que atesora en su corazón Teófila Conceiçao Silva (52 años). Y la derrocha cada día en el servicio doméstico, cuidando con mimo a una persona mayor que sufre alzhéimer. Lleva cinco años en Vigo.

Pertenece a una familia de once hermanos (seis mujeres y cinco hombres, aunque dos ya no le viven). Ella es la única que emprendió el camino de la emigración. Tiene dos hijos ya casados en Brasil.

Dice que en su país trabajó de gerente en la cafetería de la universidad durante nueve años. Cobraba al mes sobre 250 euros al cambio por una jornada diaria de ocho horas. «También estuve de empleada en algunas tiendas, vendiendo ropa, zapatos y bisutería», afirma.

Otra de sus especialidades es la decoración de ropa. «Pinto tejidos, sobre todo camisetas y manteles. Además, lo hago todo a mano con un pincel. Pero desde que estoy aquí no practiqué esta actividad», explica.

El motivo de venir fue por la referencia de una vecina suya que es natural de Vigo, pero había emigrado a Brasil con sus padres, siendo todavía muy niña. «Me animó tanto que en vez de poner rumbo a Portugal, que era mi primera intención, elegí Galicia. Me recibió una hija suya que vive aquí. A los pocos día ya empecé a trabajar. Fueron muy buenos conmigo», argumenta.

Su primer empleo fue haciendo las labores domésticas para una enfermera. «Luego estuve cuidando a un señor mayor hasta que se murió. Ahora llevo año y medio con una señora de 88 años que tiene alzhéimer», señala.

La receta de Conceiçao Silva, para tratar con personas que sufren esa enfermedad neurodegenerativa, se circunscribe a una buena dosis de cariño y mucha paciencia. «Cuido a esta persona con alzhéimer como si fuese un bebé, porque incluso le tengo que dar de comer. Pero me siento muy a gusto, porque su familia me trata estupendamente. Estoy interna, aunque tengo todo el tiempo libre que me corresponde», manifiesta. «Hay momentos en que la señora parece como si tuviese algo de lucidez. Me sonríe cuando le digo cosas, pero dudo que me reconozca, porque nunca ha pronunciado mi nombre», indica.

Fue a Brasil en dos ocasiones, una de ellas para arreglar los papeles y tener su situación regularizada. «Estoy esperando por la nacionalidad, pero no sé dónde estará mi futuro», dice.