Rojo cereza, el color de Beade

S.A.G. VIGO/LA VOZ.

BEADE

La elevada altura de los cerezos impide retirar buena parte de la cosecha de los árboles, que este año es muy abundante

31 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Verde y rojo. Son los dos colores que estos días priman en Beade. Los cerezos del particular Jerte vigués están cuajados de frutos. De hecho, los vecinos de la zona la consideran una de las mejores cosechas, sino la mejor, de lo que va de siglo. La cruz de tan buena nueva es que no hay quien recoja la mayor parte del fruto, ni siquiera en un día tan señalado como el de ayer, en el que se celebraba el primer cuarto de siglo de la Festa da Cereixa.

Es muy difícil encontrar en esta parroquia urbano-rural un recuncho de terreno en el que no se levante un majestuoso cerezo -«aquí el que no tiene un par de ellos, tiene cuatro o cinco», afirma un vecino- y, sin embargo, nunca disponen de fruto suficiente para atender la demanda de un día como el de la fiesta, en el que se ven obligados a traer una parte importante de fuera. La explicación la da el mismo vecino: «Los que aún tenemos fuerzas para subir a los árboles solemos destinarla al autoconsumo, pero a muchos a los que no les importaría venderla no tienen quien se la recoja. Se necesitan escaleras muy altas para subir a las copas y aquí vive mucha gente mayor».

Los organizadores de la fiesta se plantearon en alguna ocasión encargar ese trabajo, pero el elevado coste de los seguros les hizo desistir de la idea.

A nueve euros la caja

El resultado de semejante panorama es que los 1.500 kilos de cereza autóctona que ayer se pusieron a la venta desaparecieron en un santiamén. Y eso que la caja costaba un euro más que la foránea, nueve. «Es que la nuestra, aunque de tamaño más pequeño es mucho más sabrosa», presumía la directora del Centro Cultural, Dolores Comesaña. Ella sabe bien de lo que habla, ya que es una de esas tantas vecinas que cultiva cerezos, cinco para ser exactos y de tres clases distintas. Confirma también que la de este año es una cosecha excepcional en cuanto a cantidad.

Nunca se han parado a hacer un inventario de árboles -«hay cientos», dicen-, pero lo que si saben es que muchos de ellos son centenarios. Los plantaron los abuelos y, en algún caso, los bisabuelos.