«Empecei a tocar a gaita cando aprendín a soprar». Por las venas de Xaquín Míguez corre sangre de músico, que él ha ido mezclando con su alma de artesano y el ingenio de un inventor. Esta mezcla de artista, como no podía ser de otro modo, ha desembocado en una novedad que podría revolucionar el mundo de la fabricación del instrumento gallego por antonomasia. El pequeño tesoro se encuentra en el taller que este popular músico, conocido como Xocas, tiene en su casa de Pazos de Borbén. Un verde brillante al fondo de la sala y un papel de instrucciones al frente son sus armas para sacar de trozos de caña piezas de gaita: las palletas.
Este pequeño fragmento está situado en el puntero y es el responsable de darle el sonido al instrumento. «Segundo a tonalidade con que se faga a gaita leva unha palleta diferente. Por exemplo, para unha en Do, debe afinar en Sol sostido», recuerda el experto, mientras hace una demostración.
Todos los pasos del proceso están contemplados en el pequeño instrumento. En un lateral se le da el tamaño adecuado al pedazo de madera, restándole los sobrantes para lograr las medidas adecuadas. Mediante un torno, se le otorga el grosor necesario. El resultado final debe ser una pieza de unos pocos milímetros. Para evitar que se rompa durante el proceso, el aparato incluye unos ganchos de sujeción y aspersión por aire para evitar que caiga mientras se pule.
Una vez que se dobla a la mitad, llega el momento de adecuar la base de la palleta. Las medidas están también contempladas en la máquina. Colocar la pieza en unas ranuras de la parte izquierda es el mejor método para después restar con una navaja los pedazos salientes. Un saliente del amasijo de hierros verdes sirve también para colocar el hilo que tendrá en la base la pequeña pieza. Con mimo y cuidado Xocas coloca un arandel y remata el cordel negro. El último paso, ya depende de la artesanía y el ingenio. Una navaja bien afilada y la maña del autor sirven para dar el tono necesario a la palleta y dejarla lista para su uso, después de estampar la firma.
«O proceso de facelo de xeito artesán leva moitísimo mais tempo. Hai que ter moito coidado para que non se rompa mentres se traballa. Deste xeito se pode facer moitas mais en menos tempo», apunta este gaitero.
Tan ilusionado está con su invento, que ya ha iniciado los trámites para patentarlo. En su taller ya cuenta con toda la documentación necesaria que envió a Madrid con el objetivo de que la mecánica de su máquina quede registrada. «Non o fago con fines lucrativos, pero quero que quede constancia», apunta este artesano, cuyo invento ha despertado ya el interés de muchos otros compañeros de pasión musical.
Su inventiva no solo se queda en las palletas. Aunque no es experto en composición, se ha animado a crear seis piezas. Parte de la inspiración para hacerlo nació de su primera nieta, la pequeña Antía, que con año y medio ya puede presumir de tener una jota con su nombre.
Mientras espera para registrar estos trabajos, su cabeza no para. Facilitar el trabajo de los gaiteros con su inventiva, hacer de jurado en concursos musicales, cantar en una coral y actuar con su gaita por toda la provincia son algunas de sus tareas habituales.