La exposición de Enrique Touriño está formada por 26 fotografías de gran tamaño (150x100 centímetros) en las que la falta de cromatismo hace que convivan lo onírico y lo real. El blanco y negro subraya la apariencia irreal que el autor ha querido imprimir a los paisajes que retrata, ayudado por el papel Hahnemühle Fine Art de algodón cien por cien que eligió para la impresión: «He intentado reflejarlo en un soporte que les da un aspecto totalmente mate, casi aterciopelado, que invita a tocarlo», explica.
El artista aporta en la exposición la posibilidad de que el espectador contemple con sus propios ojos lo que los suyos han visto a través del objetivo. Cada imagen está localizada con GPS: «El hecho de georreferenciarlas permitirá ver el cambio inevitable en estos lugares, que a buen seguro resultarán irreconocibles en en breve espacio de tiempo. Incluso la luz del sol o un día nuboso cambian el carácter de una misma escena y su semblante», relata.
No hace falta decir lo que la naturaleza significa para este fotógrafo que sueña con fugarse a Noruega, donde ya ha estado en cinco ocasiones: «Me encanta por el respeto que tienen por el medio natural, no tan amanerado como el de Austria y Suiza».