La construcción de un edificio en la calle Pontevedra, en marzo de 1953, permitió hallar 29 estelas funerarias y un fragmento de una ara de los primeros siglos de nuestra era
17 mar 2010 . Actualizado a las 11:35 h.«Puede decirse que vamos a muerto romano por día, de seguir así, habrá que construir un nuevo cementerio». Así de expresivo se mostraba un periodista de El Pueblo Gallego para referirse a los continuos hallazgos de material romano que se estaban produciendo en la calle Pontevedra. La primera estela funeraria apareció el día 20 de marzo de 1953. Por lo menos, ese día fue cuando José Díaz Mella, contratista de la obra de construcción de una vivienda en la calle Pontevedra, daba cuenta del hallazgo de una piedra de grandes dimensiones al comisario local de excavaciones.
En ese mismo momento, Xosé María Álvarez Blázquez se trasladaba al lugar del hallazgo, en la confluencia con la calle Areal. Eran ocho estelas funerarias de época romana, datadas en los primeros siglos de la era cristiana. «Es de agradecer el aviso efectuado por Díaz Mella ya que en otras circunstancias, tan trascendentales piezas hubieran sido demolidaS o abandonadas inconscientemente», aplaudía la prensa. El propietario del solar, Mauro Alonso, donó todas las piezas al Museo Municipal Quiñones de León, donde ingresaron ese mismo día, una vez avisado también el alcalde Tomás Pérez Lorente.
Eslabón definitivo
«Significa el eslabón definitivo para el esclarecimiento de los orígenes romanos de Vigo», apuntaba el periodista de El Pueblo , que hacía referencia al hallazgo, unos años antes, de una pieza similar en una playa de Alcabre, aunque señalaba que, en ese caso, había sido enviada al Museo Provincial.
Al día siguiente, una brigada de obreros del ayuntamiento, dirigida por Álvarez Blázquez, seguía trabajando en el solar. Las piedras habían sido halladas a dos metros y medio de profundidad. El anuncio en la prensa concitó la curiosidad de muchos vigueses que se amontonaron en las puertas de la obra para ver los vestigios romanos. Ese mismo día, Álvarez Blázquez ya descartaba que el lugar fuese una necrópolis, aunque señalaba que no debía de estar muy lejos, así como también un poblamiento. Las campañas arqueológicas realizadas en la zona, a partir de 1993, confirmaron su hipótesis. La necrópolis estaba muy cerca, al otro lado de la calle, en la antigua Hospital.
Ese mismo 21 de marzo, aparecían también los fragmentos de una urna cineraria, y se aclaraba que una de las estelas encontrabas el día anterior, era en realidad una ara fragmentada.
El día 23 de marzo, Tomás Pérez Lorente acudió a la calle Pontevedra para ver los trabajos y mostrar todo su apoyo al arqueólogo vigués. El número de piezas ya se elevaba a trece. Ese día ya se afirmaba que se trataba del mayor descubrimiento de estelas funerarias de toda Galicia. De hecho, sigue siéndolo.
El descubrimiento coincidió con el anuncio de la celebración en Galicia del III Congreso Nacional de Arqueología, que se clausuraría en Vigo a finales de julio. Con tal motivo, el 24 de marzo visitan el lugar del hallazgo el almirante Basterreche, presidente perpetuo de los congresos de arqueología, y el catedrático Antonio Beltrán, que se quedaron asombrados con el regalo del pasado.
Los descubrimientos continuaron hasta completar la cifra de 29 estelas y un fragmento de ara. La conclusión fue que las estelas fueron reutilizadas en épocas posteriores a modo de pasarela para evitar los lodazales que se formaban en ese punto. Hoy en día, el visitante del Museo Quiñones de León puede ver el tesoro romano, que nos aportó algunos nombres de aquellos vigueses del siglo III.
Las estelas, grandes piedras con inscripciones y representaciones, se colocaban verticalmente sobre las tumbas para señalar, a modo de lápida, la identidad del fallecido y los familiares que tuvieron la iniciativa. Hace unos años, muy cerca de donde se produjo aquel hallazgo, el arqueólogo Xurxo Constenla localizaba una ara funeraria asociada a una vivienda del siglo III.