El poeta y librero acaba de publicar un nuevo libro, el décimo en su trayectoria, que presentará esta primavera en el Centro de Arte Reina Sofía de Madrid
15 mar 2010 . Actualizado a las 12:03 h.Juan Seoane (Os Peares, 1958), regenta una de las librerías de Vigo donde es posible ojear la mercancía sin que el vendedor te clave los ojos en el cogote como si fueras sospechoso de querer llevarte algo sin pasar por caja. Seoane, además, sabe lo que vende, porque aparte de despachar letras ajenas, produce las suyas propias. El librero es también poeta y ambas facetas las lleva a cabo con dedicación, aunque para la primera no es requerida la presencia de las musas de lunes a sábado en horario de mañana y tarde.
Toda su producción vio la luz de la mano de la tinerfeña Baile del Sol desde su debut en 1993, pero desde el 2006 las palabras del autor no pasaban por imprenta alguna, sin embargo, este año su producción tiene hueco en la estantería de novedades. Sin contar la antología Sombras, el poemario Apariencia de los signos , publicado por la madrileña Editorial Alfasur, es su noveno libro, y lo presentará esta primavera en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y en dos librerías de la capital. En Vigo nunca presentó ninguna de sus obras: «Vas a actos de este tipo y ves que hay cuatro personas entre el público, todos ellos amigos tuyos, y te desmoralizas», sostiene.
A Seoane no le gustan las etiquetas: «Si bien es cierto que no se puede ignorar su relativa utilidad, para mí todas las etiquetas son imperfectas porque casi nunca reflejan adecuadamente las experiencias vitales de cada uno». Aún así, a la hora de escoger un adjetivo para describir su trabajo, y aunque no le gustan los «ismos», asegura que la calificaría de hermética.
Encuentro con Valente
Su nueva obra tiene una «unidad personal» con las anteriores. «Mi poesía es de vivencias y de pensamiento, pertenece de alguna manera a la hermenéutica, porque la filosofía forma parte de la poesía, o al contrario. Mi obra no es social en ese sentido, porque creo que la literatura se hace con palabras, no con ideas; al igual que la pintura se hace con colores o la música con sonidos», afirma. «Yo escribo para mí mismo, pero no puedo olvidar que con cada letra de imprenta tienes la sensación o el deseo de que alguien te pueda comprender», cuenta.
Juan Seoane escribe desde la adolescencia, pero tardó más de tres décadas en ver publicados sus poemas. En su trayectoria, y aunque le de reparo hablar de ello, José Ángel Valente, con el que mantuvo una relación epistolar, fue una figura importante en su vida, ya que le alentó a seguir escribiendo cuando casi acababa de empezar a atreverse a publicar: «Me lo presentaron en el 95, cuando vino a dar una conferencia en Vigo. Tuve el atrevimiento de darle un libro mío, El oxígeno de los garabatos , y para mi sorpresa, al cabo de un tiempo me envió un libro suyo dedicado y una carta en la que me animaba a seguir escribiendo. Aunque era un hombre que tenía fama de hosco, conmigo, que no soy nadie en poesía, se portó fenomenal», relata con humildad.
El castellano es el idioma en que se expresa en toda su producción lírica este ourensano afincado en Vigo, y es que en su opinión, y desde el respeto absoluto hacia la lengua gallega, cree que puede ser «más afín con un sueco o un africano en temas culturales que con un gallego solo por el hecho de serlo», afirma.
Juan Seoane lleva casi tantos años con la poesía como con la librería Versus, y disfruta mucho con su trabajo: «Te enriquece el contacto con los lectores y llegas a crear un vínculo con ellos», cuenta. Aunque actualmente el sector vive con incertidumbre un futuro amenazado por el libro electrónico, al escritor no parecen amedrentarle los augurios: Es algo que veo a muy largo plazo, y no me parece la panacea. Yo creo que será muy útil para textos universitarios. Desde luego, hay segmentos en los que el libro electrónico no tiene nada que hacer, como en los libros infantiles. El tacto es insustituible», afirma.
Plumas y revistas
El poeta escribe y corrige a mano para después pasar los textos a ordenador, y es un enamorado de las plumas, aunque reconoce que no las usa habitualmente porque no son prácticas, «pero es un objeto que me atrae estéticamente». Seoane atesora más de cuarenta modelos diferentes, algunos originales, y otros, reproducciones de plumas clásicas. Cuando viaja, siempre rebusca en alguna tienda. «A veces no las compro porque son muy caras. Es como el arte. El presupuesto rara vez alcanza para obra original», admite.
Hay otro tipo de objetos que también seducen por su estética, y en este caso por su contenido, al escritor. Se trata de las revistas de creación literaria. Algunas han desaparecido, como Condados de niebla , que editaba la Diputación de Huelva, o Poesía , del Ministerio de Cultura, pero hay joyas que resisten el paso del tiempo, como Litoral , que sobrevive, eso sí, con muchos cambios y varias etapas y resurrecciones desde que en 1926 la fundaron Emilio Prados y Manuel Altolaguirre en Málaga. Lorca, Bergamín, Jorge Guillén o Gerardo Diego publicaron textos en su primero número. Casi nada.
El último ejemplar que tiene en sus manos, titulado Cartas & caligrafías , hace en número 248 de esta histórica publicación. Es una monografía dedicada a la poesía vinculada a la escritura original, que recoge reproducciones de poemas escritos a mano por autores tan diversos como Mallarmé, Nietzsche, Albert Camus, Gil de Biedma, Jack Kerouac o Magritte, entre otros muchos.