Viajera impenitente, en el salón de la que fue una de las musas de la Movida, cohabitan hoy en armonía ejecutivas, intelectuales, políticas y amas de casa
«Peluquera, peluquera. Estilista es otra cosa; además, yo soy de la vieja escuela», afirma Mara Costas cuando la periodista le pregunta por el epígrafe profesión. Esta musa de la modernidad, que la Movida hizo suya en los 80 por los pelos, sigue siendo aquella vecina de Cabral que con apenas 16 años empezó peinando en casa. Su libro de calificaciones era excelente pero, para disgusto de sus mayores, un día anunció que plantaba los libros. Fue su madre la que le dijo que si no quería seguir estudiando tenía que aprender un oficio. Y eso hizo.
Cuando cumplió la mayoría de edad, por entonces fijada en 23 años, se estableció en un primer piso de la calle María Berdiales. Siempre se ha definido Mara como una mujer de su tiempo, así es que corriendo como corrían entonces los estertores del franquismo, en su peluquería se empleaban con la misma destreza el peine y las tijeras que la palabra. «Decían que aquello era un nido de rojas», recuerda. En realidad, añade, «lo que pasaba era que no queríamos ser meras espectadoras de la transformación social, política y cultural que se estaba produciendo. Era la época del movimiento obrero, de la primera reconversión naval, de la lucha por la liberación de la mujer... Una persona con inquietudes no se podía sustraer a todo eso», explica.
Y si de algo iba bien servida su nómina de clientas era de inquietudes. «La mayoría de ellas militaban en formaciones a la izquierda del Partido Comunista», recuerda. En aquel caldo de cultivo nació y creció la Asociación Galega da Muller (AGM). «¿Qué mejor sitio que una peluquería para hablar de las cosas que nos interesaban a las mujeres?», se pregunta. Añade que las cosas han cambiado tanto que hoy un escenario como aquel no tiene mucho sentido. «Afortunadamente», apostilla.
Cuando la cuestión política empezó a encauzarse las inquietudes tomaron otros caminos: cine, música, literatura, moda... «Galicia vivió grandes explosiones culturales en los 80, Mucha gente, no solo del resto de España sino también de Europa, nos puso en el mapa gracias a Galicia Moda, al movimiento artístico Atlántica o a la Movida».
Sabe bien de lo que habla porque, además de ser la responsable del look de buena parte de los integrantes de esta última, fue también una de las profesionales a las que recurrieron los inventores de Galicia Moda para sus desfiles. «¿Sabes lo que es contemplar a un grupo de diseñadores de aquí convertidos en protagonistas de un desfile en el Gran Hotel de París? Les llamaban Los Siete Magníficos», recuerda.
Fue precisamente su pasión por los viajes la que terminó por convertir a Mara Costas en musa de la Movida. Pateaba las calles de Londres, París o Nueva York con los ojos abiertos como platos, y se preguntaba por qué no importar aquellos colorinchos, crestas y cortes que veía por doquier. Y los importó -«siempre he sido muy echada para adelante»-, y acertó. «Hay que saber funcionar en diferentes registros». Ella lo hace con la mayor de las naturalidades.
De hecho, en su peluquería, hoy con vistas a la plaza de Compostela, cohabitan a diario la ejecutiva con prisas, el director de banco, el rapero de libro, la burguesa que no soporta tener un pelo fuera de sitio, la escritora que no está por la labor de cortarse la melena o el ama de casa al uso. Cuatro décadas después de seguir las instrucciones maternas y aprender un oficio, sigue disfrutando con lo que hace como el primer día. Tal vez por eso su rincón favorito es la Alameda, por la que pasea a diario y en la que le gusta quedar con los amigos.
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