No es la primera vez que el movimiento vecinal de Vigo atraviesa una crisis como la actual. Coincidiendo también con un alcalde socialista, en 1983 tuvo lugar una escisión liderada por la asociación de Lavadores y en la que figuraban Cristo de la Victoria, Salgueira, Bouzas, Matamá, Parada-Maceiriña (Cabral), Valadares y San Andrés de Comesaña. Otra coincidencia con la situación actual es que el grupo disidente propugnaba un movimiento vecinal más democrático y no politizado y creó una organización paralela. La Federación respondió sorprendida a través de un comunicado: «A loita partidaria no seo desta organización hai tempo que desapareceu e o que existe no seu lugar son homes e mulleres, militantes de partidos ou non, que intentan potenciar unha conciencia cidadá, solidaria, crítica e progresista». Igual que ahora, existía el temor de que detrás de los colectivos que se desmarcaban de la Federación se escondiera un intento de mitigar las críticas al gobierno local, en manos de Manoel Soto, entonces militante del PSOE.
Como sucede en la actualidad con Caballero, también las relaciones con el alcalde eran pésimas, sin comunicación entre ambas partes, sin subvenciones y sin participación ciudadana.
Finalmente las entidades críticas crearon al margen de la Federación el grupo Xuasve (Xuntanza de Asociacións de Veciños). Una y otra se unificarían dos años después, en 1985, al entender que la división lo único que generaba era debilidad.