Los perdedores del nuevo hospital

VIGO

Todos los proyectos, incluso los importantes, tiene daños colaterales. Esta es la historia de los vigueses que perderán sus casas o negocios para que la ciudad tenga el centro sanitario de Beade. La Xunta apenas les paga

22 feb 2010 . Actualizado a las 12:19 h.

Poca gente puede dudar ya de que Vigo necesita un nuevo hospital. El Xeral es viejo, el Meixoeiro es pequeño y la sanidad de Vigo es dispersa y descoordinada por naturaleza. Lo saben los profesionales y lo asume la sociedad. Pocos lugares hay para construirlo, además de Beade. Pero todo proyecto de ciudad, aun los más necesarios, tiene daños colaterales. Y esos daños tienen nombres y apellidos. Son Cholo Alonso y su mujer Charo Vila, Carmen Giráldez, Luis Simoniak, Emilio Fernández o Manolo Rodríguez Bastos, entre otros. Ellos algunos son los vigueses que pierden con el nuevo hospital.

Secundino Alonso es un vigués vigoroso de 44 años conocido como Cholo. Fuma a la puerta de su negocio, la panadería que lleva su nombre, y sonríe. Tiene una clientela fija, que va a diario a comprar el pan y el postre. Es un negocio muy visible porque tiene la fachada hacia la carretera de la Universidad. También hace repartos a domicilio cada día. En Beade hasta hay señales que indican el negocio. Es una referencia en la zona. Tanto que, en la última campaña electoral, Alberto Núñez Feijoo planeaba un acto con los afectados por el nuevo hospital y citó a los medios de comunicación en la panadería Cholo. Delante de aquella enorme casa amarilla, Feijoo dijo que al menos durante los próximos tres años todos los afectados seguirían en sus casas si él era presidente.

Tanto el negocio que le ha dado de comer en los últimos trece años como la casa en la que viven se encuentran dentro de los 235.000 metros cuadrados que ocupará el mayor hospital de Europa. La Xunta quiere empezar las obras este año. Cholo fuma a la puerta de su negocio y está tranquilo. «Temos unha serenidade engañosa», ataja. «En realidade estamos desesperados», dice. Él y su familia (el matrimonio, un hijo y la abuela) tendrán que buscar una alternativa. Cholo lleva veinte años en esa casa. Su suegra, 44.

Lo que le ofrece la Xunta no alcanzar a pagar apenas nada. La panadería tiene un horno de ladrillo recubierto con placa. No se puede mover. Solo esa instalación ya costó 60.000 euros y el Sergas les ofrece una indemnización total de 90.000 por todo el negocio.

Con una clientela fija, con una empresa que sale adelante por sí misma, con tanto tiempo, esfuerzo y dinero invertidos, tendrá que empezar de nuevo. Por eso pide una reubicación en la zona. «O lóxico sería que nos buscaran un terreo por aquí, aínda que sexa máis pequeno, porque ¿agora que imos facer?». Cholo fuma tranquilo a la puerta de su negocio: «Cambiar de zona pode causarnos a ruína ».