«Yo no hago religión-ficción»

VIGO

El nuevo titutar de la diócesis reconoce que sabe poco sobre Vigo, «pero no me preocupa porque el conocimiento real se produce cuando conoces a las personas»

05 feb 2010 . Actualizado a las 11:55 h.

Luis Quinteiro confiesa que de Vigo conoce lo mismo que cualquier otro gallego, «que es un referente de la vida de Galicia, tanto desde el punto de vista demográfico, como económico o cultural». Tampoco sabe muy bien lo que se va a encontrar en la diócesis, cuyo gobierno acaba de encargarle Benedicto XVI. «No me preocupa excesivamente porque el conocimiento real se produce cuando conoces a las personas», dice. Al margen de cuestiones pastorales, la primera diferencia que va a notar el nuevo obispo de Tui-Vigo, va a ser de tinte terrenal. El recién remozado y bien amueblado edificio en el que ahora reside en Ourense en poco se parece a la vetusta casa que le aguarda en A Guía.

-Cuando llegue ¿por dónde quiere empezar? ¿qué planes tiene?

-No estoy haciendo planes. Me estoy preparando espiritualmente. No soy persona de hacer planes. Creo que han de hacerse con el equipo. Una de las cosas que más me apena es dejar atrás tan buenos equipos. Es fundamental poder contar con personas que te ayuden a realizar cosas que solo no se pueden hacer., así es que voy a Vigo a trabajar con todos los fieles. Espero que sea una etapa hermosa.

-¿Cuál fue su primera reacción cuando conoció la decisión del Papa de encomendarle ocupar el puesto que deja vacante José Diéguez?

-La primera palabra que pronuncié fue 'encantado'. Acepté sin ninguna reserva.

-Y sin embargo, la mayoría de las quinielas le situaban como vicario general castrense.

-Lo he dicho varias veces desde mi nombramiento, pero lo repetiré una vez más: El dolor que me produce irme de Ourense solo es comparable a la alegría de quedarme en Vigo, es decir, en Galicia. La perspectiva de ponerme en camino hacia Vigo me resulta tan enriquecedora que nadie se la puede imaginar. Partir es desapego, libertad, no agarrarse a las seguridades. No es sólo obediencia, es la riqueza interior que supone la renuncia a algo que a uno le gusta.

-Tal vez en esa obediencia debida es donde radica el quid del lento caminar de la Iglesia, siempre por detrás de la sociedad.

-No estoy de acuerdo. La Iglesia está en permanente reforma. Tiene que tener la vista puesta no ya en el siglo XXI, sino en el venidero sin perder de vista el pasado. Admito todas las críticas pero, dicho esto, creo que tenemos que hacer esfuerzos todos.

-En la parte de esfuerzo que le toca a la Iglesia ¿cree, por ejemplo, que podremos ver un día una obispa?

-No lo sé. Ese no es mi problema, no es algo que me competa. Yo no hago religión-ficción.

-¿Y sacerdotes casados?

-Le digo lo mismo.

-¿En qué se concretaría esa reforma de la que habla?

-En conseguir que el rostro de la Iglesia sea cada día más agradable. Hay mucha gente que está por la labor. Una de las mejores cosas que he leído últimamente la escribió un obispo de Alemania del Este. Sostiene que, desde un punto de vista intelectual, la Iglesia se ha enfrentado con cierta solvencia al ateísmo, que ha sido uno de los retos de la segunda mitad del siglo XX; a día de hoy el reto es afrontar la crítica de que la fe es un obstáculo para vivir la vida alegremente o, lo que es lo mismo, que la fe es la aguafiestas de la vida.