La fiscalía pide 2 años de cárcel para el dueño de una academia de controladores aéreos

VIGO

Para ganar el dineral que pone de los nervios a José Blanco, ministro de Fomento, hay que prepararse muy bien y superar los exámenes para convertirse en controlador aéreo. Este puesto de trabajo tan bien remunerado era uno de los señuelos utilizados por la academia Fortec para captar clientes. La institución dirigida por Luis Bermejo también preparaba para oposiciones y exámenes de administrativo de AENA, azafata y para el sector turístico, entre otros empleos.

Luis Bermejo compró la academia Fortec en el año 2004. Contaba con sedes en Vigo y Ourense. En mayo del año 2005 tuvo que cerrar sus puertas acuciado por las deudas. Ayer se sentó en el banquillo de los acusados en el juzgado de lo penal número 1 de Vigo. Diez alumnos le acusan de haberles estafado. Muchos de ellos pagaron por su preparación para bolsas de trabajo u oposiciones cantidades que oscilan entre los 1.500 y los 1.700 euros. No han recuperado el dinero. Por eso, la fiscalía acusa a Luis Bermejo de estafa y solicita para él la pena de dos años de prisión. El juicio tuvo que interrumpirse porque un testigo de cargo que estaba citado a declarar, Baldomero M.G, al parecer no tuvo paciencia y se marchó antes de ser llamado al estrado. La jueza le ha impuesto una multa de 300 euros y la obligación de declarar en la reanudación de la vista, que tendrá lugar el próximo 18 de febrero a las 9,45 horas. A lo largo del casi año y medio que estuvo funcionando bajo su dirección la academia registró tuvo unos 600 alumnos.

Una de las testigos manifestó que pagó una serie de mensualidades y que no recibió todas las clases que le había prometido. Verbalmente le habían asegurado que podría seguir recibiendo todas las clases que fueran precisas hasta que aprobase las oposiciones. Un día, cuando llegaba a la sede del centro educativo, se encontró con que habían cerrado. Esta joven aseguró que había entregado a la academia por su formación lo equivalente a 250.000 pesetas. Como se había quedado en paro tuvo que solicitar un préstamo para poder pagar al centro formativo. Otra testigo indicó que se había apuntado a la academia para formarse como agente aeroportuaria, con la promesa de que iba a conseguir un trabajo pero «gasté dinero para nada». El acusado reconoció que los acuerdos verbales no sirven de nada.