Y todos los vigueses (o casi) los recorrieron en cumplimiento de esa norma no escrita que dice que cada 3 de febrero, a partir de las doce del mediodía no puede caber ni un alfiler en medio kilómetro a la redonda de la iglesia. Si no fuera porque las miles de personas que toman la zona profesan devociones diversas, hace tiempo que San Blas le habría arrebatado a San Benitiño el título de santo máis milagreiro.
Y es que el abogado de las dolencias de garganta cuenta los fieles por millares. Son muchos los que acuden a cumplir con los dos preceptos, el religioso y el festivo-gastronómico, pero son también muchos los que sólo se aplican a este último. Lo saben bien los vecinos de Bembrive, así es que hacen todo lo posible por atender la demanda. Así, bajos y garajes se convierten por un día en improvisadas tascas de nombre sugerente (Os Dabaixo, O de Chicha, O Carallete...) en las que corre el vino peleón y todos los productos imaginables del cerdo, con la oreja y el chorizo como protagonistas principales.
Que nadie sueñe con encontrar un hueco libre a la hora de la comida en alguno de los restaurantes (o chiringuitos) de la zona si previamente no ha encargado mesa. A partir de las dos y media de la tarde manda el cocido pero, sobre todo, la camaradería.
Por contra, desde buena mañana y hasta que remata la procesión, lo que manda es encomendarse a San Blas. Los que quieren garantizarse un lugar en el templo asisten a las primeras misas (las hay cada hora a partir de las ocho y media), aunque la más multitudinaria siempre es la de las 12.30, en cuyo transcurso sale el santo en procesión.
Hay una segunda cita obligada para los que buscan la intercesión del santo, la interminable cola que se forma para pasar el pañuelo por la imagen del santo, pañuelo que luego custodiarán el resto del año como oro en paño para garantizarse una garganta sana. Y si uno ha olvidado llevar pañuelo, no hay motivo de preocupación, lo que sobran son puestos en los que poder adquirirlos, igual que la tradicional cunca de barro que, como manda la tradición, servirá para ir catando los caldos que se sirven aquí, allá y acullá.
También manda la tradición que, entre otros, siguen al pie de la letra los integrantes de Parabará, que no falte la música. La suya sale de instrumentos que el ingeniero Paco ha diseñado a base de tuberías.
La lista de refranes ligados al Santo es bastante más amplia que aquel relativo al avistamiento de cigüeñas. Claro que tal vez el que más nos afecte a los vigueses (la mayoría carecemos de espacio más allá de una maceta para lo de la higuera) sea el que asevera «si hiela por San Blas, treinta días más».
Claro que la mayoría de los que ayer peregrinaron a San Blas no notaron el frío. Y menos a partir de la segunda taza. Entre los que no se perdieron la cita pudimos ver a Santi Domínguez, Lucía Molares, Abel Caballero, Isaura Abelairas, Marta Iglesias, Santos Héctor, Manel Fernández, Corina Porro... Esta última no solo se divirtió, sino que contagió su entusiasmo. Sí, también tiene motivos para reír. Y muchos, porque no sólo de política y rellenos vive la presidenta de la Autoridad Portuaria.
A los los que les dieron las tantas comiendo y cantando en A Buraca do pavero fue a los del grupo de Xoán de Aldán: Karina Falagan, Pepe, Lagarón, Rouco, Eladio, José Luis... El próximo 3 de febrero más.