La nueva comisaría de Vigo tendrá 12 calabozos y un párking de 200 plazas

VIGO

La nueva comisaría de Vigo tendrá un 50% más de celdas para detenidos. El Ministerio del Interior pretende cubrir las necesidades de la ciudad durante los próximos lustros y por eso ha incrementado considerablemente el espacio de los calabozos, a pesar de que Vigo es una ciudad «muy segura» en palabras del delegado del Gobierno, Antón Louro. Actualmente la comisaría cuenta con ocho celdas de unos 16 metros cuadrados cada una, que pueden albergar a varios arrestados. En los nuevos edificios habrá una docena de calabozos, tanto colectivos como celdas individuales de aislamiento, que garantizan las necesidades futuras. Actualmente se producen una media de unas diez detenciones diarias. Muchos de los arrestados son puestos inmediatamente a disposición judicial, con lo que el espacio actual es más que suficiente, pero Interior quiere que las nuevas dependencias tengan la holgura necesaria para evitar entallamientos.

El delegado del Gobierno en Galicia, Antón Louro, realizó ayer una visita a las obras acompañado por el subdelegado del Gobierno en Pontevedra, Delfín Fernández; el alcalde de Vigo, Abel Caballero; el jefe superior de Policía de Galicia, Luis García Mañá; y el comisario jefe de Vigo, Guillermo Sánchez. El delegado del Gobierno hizo hincapié en que el presupuesto base de licitación ascendió a 15.156.502 euros, si bien finalmente la ejecución de los trabajos se adjudicó por un importe de 10.979.789 euros a la empresa Vías y Construcciones. La superficie total construida que ocupará la nueva comisaría es de 14.453 metros cuadrados. Las nuevas dependencias se distribuirán entre seis plantas (dos subterráneas y otras cuatro sobre rasante). Albergarán las cinco brigadas operativas, el distrito de Travesas, la Secretaría General y los despachos del comisario jefe y de otros altos mandos, así como otros muchos servicios, entre los que figuran galería de tiro, aulas de formación, salón de usos múltiples, salas de reuniones, gimnasio y aparcamiento subterráneo para doscientos vehículos.

Cuando intentaron excavar los cimientos para la primera fase los constructores se encontraron con una gran roca de extrema dureza. Esto les obligó a realizar voladuras con explosivos y a completar la excavación mediante morteros expansivos de mecha fría, según explicó el arquitecto Manuel Portolés. El mortero se introduce dentro de la roca cada cuarenta centímetros y esas cuñas provocan la fragmentación piedras de pequeño tamaño extraíbles mediante sistemas de excavación tradicionales. El problema del mortero expansivo es que no se puede usar cuando llueve. Por eso se han retrasado las obras de la primera fase -que tendrían que estar terminadas- y se culminarán en septiembre. En cambio las obras de la segunda fase van adelantadas. La tercera, consistirá en vaciar y reformar el edificio actual.