Estufas improvisadas de leña y cafés para calentarse las manos

L.C.LL

VIGO

El tibio sol se agradece en la cara sur de la imponente fachada de Bernardo Alfageme. Un grupo de trabajadores echa leña al fuego en un día gélido. Los trozos de palés de madera arden en un bidón y Herminia Caride y Rafael Quiñones, empleados de la fábrica, con las cazadoras caladas hasta arriba, se abrazan a unos humeantes vaso de plástico de café.

«La primera noche no pudimos dormir pero esta segunda noche hemos caído redondos de lo cansados que estábamos», comentan.

Los encerrados reciben la visita de familias que les traen comida y reponen fuerzas con un desayuno de batalla con galletas y café. La tarima de madera se ha convertido en un improvisado colchón para los más sacrificados. Por suerte dentro de las oficinas hay calefacción. La empresa se ha mostrado comprensiva con los encerrados y el guardia de seguridad se ha portado bien con ellos.

El futuro tiene muchos nubarrones y Herminia Caride lamenta que «en los últimos dos años se han enterrado 44 millones de euros y el dinero parece que no ha servido para reflotar la empresa». Los trabajadores sospechan que el dinero que ha recibido la empresa se ha desviado a otros fines y parte se ha gastado en sueldos de directivos.