La Xunta paga 180.000 euros para llevarse a Ribadavia el archivo Llanos

B.R.Sotelino

VIGO

El archivo fotográfico Llanos hace las maletas para emigrar a Rivadavia. Tras varios años de negociaciones entre el Concello de Vigo y la familia del fotógrafo, la Consellería de Cultura se lleva el gato al agua y el legado a la provincia de Ourense. Ángel Llanos, hijo y nieto de fotógrafos, hizó su primer trabajo hace 70 años. Desde aquel momento su cámara retrató todo lo que pasó en Vigo. El archivo Llanos está considerado como el banco de imágenes más importante sobre Vigo, después del archivo Pacheco. Actualmente, Llanos cuenta 94 años, su estado de salud es delicado y es su familia la que se ha encargado de negociar las condiciones de la venta de una herencia que pretende el ayuntamiento vigués desde hace 15 años. Tras darse a conocer la venta a la Xunta de Galicia por 180.000 euros, y su destino en el Museo Etnológico de Ribadavia, los actuales responsables del departamento cultural del Concello de Vigo aseguran que ya en el 2007, con López Chaves al cargo, se puso sobre la mesa una oferta de 150.000 euros por el archivo Llanos. «Nunca houbo resposta e nós fixemos varios requerimentos por escrito demandando unha contestación», aseguró ayer el concejal López Carrera sobre aquella negociación abierta. El edil afirmó además que se trataba de una oferta generosa, ya que por el Archivo Pacheco se pagaron 100.000 euros en 1992. Sin embargo, la familia de Llanos afirma que optaron por vender su legado a la Xunta alegando desinterés por parte del Concello de Vigo. Sus representantes han manifestado que hubieran preferido que el legado se quedase en Vigo, pero han explicado que fue el museo de Ribadavia el que se mostró siempre más interesado y el que se ofreció a darle el reconocimiento que merece, en vida, como Ángel desea.

«Es muy doloroso desprenderse de la obra de toda la vida pero pensándolo bien ¿en qué lugar podría estar mejor que en el Ayuntamiento?», decía Llanos en 1995 en las páginas de La Voz tras reunirse con el concejal Francisco Santomé, cuando comenzaba este culebrón que, al menos para Vigo, acaba mal.