No pudieron los integrantes de la Fundación Vigueses Distinguidos escenificar mejor el cambio de ritmo que quieren imprimir a la entidad a partir de ya. Eligieron a Caramuxo, el único cuarteto formado por seis músicos (a ratos por cinco), para presentar en sociedad su recién estrenada declaración de intenciones: Trabajar en defensa de los intereses de la ciudad y potenciar un viguismo integrador.
En resumen, lo que se propusieron desde el minuto uno pero que, según explicó el presidente de la entidad, Luis Espada, nunca pudieron llevar a la práctica por falta de medios materiales y humanos. «Por fin contamos con unos y otros, y podemos ponernos en marcha», afirmó.
Dijo también Espada que pondrán de su parte todo lo que puedan y sepan para que los vigueses tengamos la autoestima subida día sí y día también, de tal forma que de verdad se note que somos la primera ciudad de Galicia. El discurso del presidente se ganó los primeros aplausos de un auditorio lleno a rebosar, el de Caixanova, que esperaba impaciente la aparición de los caramuxos: Fernando Abreu, Xoán Carlos Vázquez, Felipe Agell, Óscar Prieto, Alonso Caxade y Patricia Cela. Visto lo visto, puedo asegurar que la impaciencia estaba justificada.
Pero aún tuvo que esperar un poco más la concurrencia para disfrutar del apartado musical. Y es que el alcalde, uno de los paganinis del acto, fue invitado por los organizadores a tomar la palabra. Y la tomó. Y se ganó el segundo aplauso (con ganas; no de los de salir del paso) de los presentes.
El entusiasmo del respetable no obedecía al ídem con el que Abel Caballero dijo haber recibido la noticia de que la Fundación Vigueses Distinguidos se ponía definitivamente manos a la obra, sino al claro posicionamiento que hizo a propósito de la pugna fusionadora que invade el cotarro financiero. Aprovechando que el Lagares desemboca en Samil, vino a decir que Caixanova es una seña de identidad de Vigo que no puede perderse de ninguna forma.
Total que cuando el cuarteto de clarinetistas (con acordeón y percusión añadidos) subió al escenario, el ambiente estaba caldeado. En positivo. Un par de temas y diez minutos después llegaba al punto de ebullición, que mantuvo durante hora y media. Los integrantes de Caramuxo no disimulan (ni quieren) lo mucho que se divierten sobre el escenario. El público se contagió enseguida de esas buenas vibraciones y el resto llegó por añadidura.
No fue ajena e esa atmósfera buenrollista la aparición en escena de Avelino González. El actor, que no es la primera vez que colabora con Caramuxo, puso el toque de humor a una velada ya por sí entretenida. Entre los asistentes que no apearon la sonrisa, además de Espada y Caballero, estaban Antón Pulido, Gerardo González Martín, Mercedes Castro, Marisol López, Julio Estévez, Carmen Salgueiro, Bieito Ledo, Luis Suárez, Carmela Silva...
Es precisamente uno de los caramuxos, Fernando Abreu, el que me corrobora que el primer mandamiento que se fijaron en sus tiempos de estudiantes en el Conservatorio de Vigo fue pasárselo bien. Doy fe de que casi dos décadas después lo cumplen a rajatabla. Premios como el María Casares o discos como el recién grabado Tiruriru no han cambiado nada. Si acaso, han venido a demostrar que acertaron de pleno al elegir el camino de la amistad. Si un día pueden vivir de esto, bien; si no, seguirán disfrutando con sus clases de música. Amén.
Cuarenta años. Ni uno menos hace que los protagonistas de la fotografía inferior remataron sus estudios de Bachillerato en los Jesuítas. Después de tanto tiempo lo que les sobraban eran temas de conversación para ponerse al corriente de lo vivido. Tantas que ?Freijoso y Alonso que, según me cuentan, fueron los armadanzas de la cita, llegaron a la conclusión de que una cena son su correspondiente sobremesa no sería suficiente. Total, que se marcaron un fin de semana.
El escenario elegido fue el balneario de Mondariz donde, después de los placeres gastronómicos, se entregaron con el mismo entusiasmo a los termales. Entre los que acudieron a la llamada de la nostalgia estaban Jacobo Fontán, Julio Alonso, Carlos Santoro, Santiago Gefaell, Carlos Tojeira, José María Valcárcel, Jaime de Sousa, José Ramón Valladares, Pacheco, Andrés Bermejo, Botana....
Llegada la hora de poner en funcionamiento la maquina de recordar salieron a relucir mil y una cuestiones, incluidos los castigos. Por ejemplo el favorito de la superioridad competente (la dirección) cuando algún interno osaba salir del recinto sin permiso: copiar el libro de religión enterito. Uff.