Un policía afgano mata a cinco soldados británicos

Imanol Allende

VIGO

El atentado que ha costado la vida a cinco soldados británicos ayer en Afganistán fue calificado por Kim Howells, encargado hasta el año pasado de asuntos relacionados con Afganistán en el Ministerio de Exteriores, como «un golpe al corazón de la estrategia británica» en ese país». Golpe por su crudeza, la mayor pérdida de vidas humanas en un solo suceso desde que llegaron los primeros soldados a Afganistán en el 2001, pero también por la incomprensión inicial por la manera en la que se produjo el ataque, por los disparos de un policía afgano. El suceso ha reavivado las voces para que el Ejército se retire del país asiático.

Según el portavoz de las fuerzas británicas en Helmand, teniente coronel David Wakefield, el agente afgano abrió fuego con un fusil AK47 contra los soldados británicos -estos se habían despojado de sus chalecos antibalas y de sus cascos-, desde lo alto del tejado del puesto de control en Shin Kalay. Y se dio a la fuga.

Según algunas fuentes, el asaltante sería un agente llamado Gulbuddin, quien había mantenido una disputa con su antiguo comandante, Mohammad Wali. Pero según indicó el primer ministro británico, Gordon Brown, el atentado fue reivindicado por los talibanes, por lo que ayer se investigaba la posible relación del policía con los insurgentes. Otros seis soldados británicos y dos afganos resultaron heridos. Ya son 229 los soldados británicos muertos en el país asiático, de ellos 92 en lo que va de año.