Ama el verano. Va en su busca emigrando como los pájaros. Vive a caballo entre América y Europa. Aunque se podría decir que Graciela Victoria Magan (50 años) desarrolla toda su vida en Galicia. Porque pasa seis meses en Vigo y otros tantos en la quinta provincia gallega, como se le conoce también a Buenos Aires, su ciudad de origen. Tiene un trabajo que se lo permite, al dedicarse a la venta de objetos de artesanía que ella misma realiza. Se trata sobre todo de bisutería.
Curiosamente, sus cuatro abuelos eran españoles, concretamente de Zamora. Pero el primer viaje que hizo fue para ver a unas amistades de Argentina que estaban en Palma de Mallorca. «Luego decidí visitar Galicia y me encantó. Hoy día extraño más a la ciudad de Vigo cuando me voy a pasar seis meses a Buenos Aires. Aquí tengo muchos clientes, que saben apreciar las cosas que hago de bisutería», explica.
Dice que utiliza productos naturales de Sudamérica. Se trata de semillas, madera, bambú, coco... Suele acudir a distintas fiestas y también algunos fines de semana pone su puesto junto a la playa de Samil, donde suele haber numerosos vendedores ambulantes. «Solo trabajo en la provincia de Pontevedra, porque vivo en Gondomar», afirma.
Resalta que acude a las fiestas, no a los mercadillos. «Voy a Bouzas, Coia, Panxón y Playa América», señala.
Durante su estancia en Buenos Aires, además de vender sus obras de artesanía, dedica la mayor parte del tiempo a la labor creativa. También ha impartido clases de pintura e incluso hizo alguna exposición. «Aprovecho para hacer las pulseras y los collares, que luego venderé cuando viaje a Vigo, que es donde tengo más clientes, porque la crisis económica de mi país supera a la española», argumenta.
De hecho hace variar los precios. «Aquí vendo las cosas algo más caras, porque 1 euro supera los 5 pesos argentinos. También la gente de aquí tiene un poder adquisitivo mayor», puntualiza.
Graciela se considera una privilegiada al poder disfrutar de los meses de verano durante todo el año. De todos modos, alude a que su familia y la casa se encuentran en Buenos Aires. Está casada con un médico argentino. Su hijo estudia esa misma carrera y la hija hace periodismo.
Asegura que Samil ya no es lo que era. «Antes de la crisis hacía más dinero en mi negocio. Hubo una época en que me dejaban poner en el mismo paseo de la playa. Pero ahora todo ha cambiado. Además, resulta complejo trabajar aquí, por lo que decidí hacer las fiestas, en las que a veces te va muy bien y otras no tanto. Lo que me fastidia es tener que acostarme más tarde, porque hay noches que me fui a la cama a las cuatro de la madrugada», relata.
Estos días la acompaña su marido y la hija. A principios del próximo mes regresarán los tres juntos a Argentina.