«Si no consigo un trabajo al terminar los estudios de osteopatía, regresaré a mi país»

Xulio Vázquez

VIGO

Los inmigrantes también pueden convertirse en un buen baremo, al igual que el PIB, para analizar la economía de un país. Por lo que respecta a España, en este momento, a muchos de ellos ya no les importa coger el camino de vuelta y marcharse incluso con lo puesto. Zunilda Báez (30 años, paraguaya) es una víctima más de la crisis económica. Está sin trabajo y en su futuro no muy lejano se divisa Asunción (Paraguay). «Estoy terminando los estudios de osteopatía, pero si no encuentro un trabajo, regresaré a mi país para ejercer allá la profesión», afirma

En realidad ya había estudiado para fisioterapeuta en la capital de su país. Pero, al hacer la convalidación en España, ha tenido que hacer un año más. «Como estaba en el paro, ya me metí de lleno a este último curso de osteopatía, porque en diciembre quiero viajar a Paraguay y con la carrera hecha», afirma. «Acudo desde las cinco hasta las nueve a una academia durante tres días a la semana. Solo tengo dos asignaturas, pero muchas clases prácticas», añade.

Al preguntarle si piensa ejercer en España su profesión, se limitó a reiterar que no estaba muy segura de ello. «Tengo dudas al respecto, porque aquí las cosas están muy mal, sobre todo para los extranjeros».

En Asunción trabajó durante cuatro años como empleada en un banco. «Estaba en una división de consumo dedicada al crédito. También hice de cajera. Me pagaban al mes 2 millones de guaraníes. Pero, al cambio, solo eran 300 euros, por lo que decidí emigrar en busca de una vida mejor», explica.

Resulta que pertenece a una familia de 8 hermanos (tres mujeres). Tiene dos hijas que han quedado al cuidado de su ex marido. La hermana mayor había emigrado a Estados Unidos. Uno de los varones, que es más joven, trabaja en la construcción. Los otros estudian. «Mi madre lleva mucho tiempo separada, por lo que yo solo me quedé con un apellido, el de mi abuelo. Ella se dedica a las labores de casa», señala.

En Vigo lleva algo más de dos años y medio. Sin embargo, llegó a España hace siete años, aunque durante todo ese tiempo estuvo viviendo en Madrid. «Fui directamente a la capital de España, porque tenía allí a una pariente mía. Trabajé en una fundación geriátrica por las mañanas y en un hotel restaurante, por las tarde. Era la única forma de que pudiese conseguir un buen sueldo y enviarle dinero a mis hijas de 11 y 8 años», argumenta.

Cambió sus dos empleos, que la traían en un sin vivir por una oferta que le surgió para trabajar de camarera en una cafetería de Vigo. Pero solo le duró nueve meses, porque el propietario se vio obligado a echar el cierre, debido a la crisis.

Estuvo compartiendo piso con una amiga, pero ahora dice que vive ella sola y que está pagando de alquiler sobre 500 euros al mes. «Me estoy gastando el poco dinero que había ahorrado. Nunca pensé que las cosas se me complicarían tanto en España. Cierran muchos negocios y no hay dónde pedir trabajo», concluye.