«Amenazan a mi familia por una deuda de 5.000 euros»

Xulio Vázquez

VIGO

Pidió el dinero prestado en su país para emigrar, pero no ha podido devolverlo

22 sep 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Llegó a Vigo pensando que iba a colocar muchos ladrillos, pero se le desmoronó la obra sin la opción de tener la masa en sus manos. A Francisco Rosario Rosario (45 años) le fallaron las cuentas de la lechera como le sucede a muchos de los emigrantes que llegaron aquí de la mano de la crisis económica.

Es natural de San Francisco de Macorís (República Dominicana). Era albañil en su país. Pertenece a una familia campesina de 17 hermanos. Atrás dejó a sus cuatro hijos y a su ex esposa. Además tuvo que pedir dinero para poder emigrar y no ha podido devolver ni un peso dominicano de los 247.000 que le prestaron, con un interés del 5%, lo que le está acarreando serios quebraderos de cabeza. Debe unos 5.000 euros al cambio. A este paso, sin un trabajo fijo, ya lo tiene bastante negro para subsistir y, como no le toque la lotería, le resultará imposible pagar lo que debe. «Amenazan a mi familia por una deuda que tengo de 5.000 euros, sin que pueda hacer nada», lamenta.

En su país se dedicó toda su vida a la albañilería, llegando a oficial. Pero recibía un sueldo muy pequeño, por lo que decidió emprender el camino de la emigración, aconsejado por unos amigos que ya estaban aquí. «Viene un poco a la buena de Dios, porque no contaba con un trabajo. Cogí un vuelo a París y otro a Vigo. El dinero para el viaje me lo facilitó un prestamista dominicano», argumenta.

Hasta ahora ha compartido piso con unos compatriotas, pero ya le comunicaron que, si no hace una aportación económico mensual, deberá abandonar el domicilio, por lo que puede verse muy pronto en la calle.

Francisco Rosario dice que hasta la fecha solo tuvo algunos trabajos esporádicos. En este momento se dedica a servir copas en la noche viguesa para poder comer. «Lo poco que gano me hace falta para hacer la compra y poder llegar a final de mes. Hasta la fecha no conseguí mandarle ni un euro a mis hijos y mucho menos poder saldar la deuda. A mis hijos los están ayudando entre mi familia y la de mi ex esposa», argumenta.

Dice que se encuentra en un callejón sin salida, porque tampoco podría pagar un pasaje para retornar a su país. En la discoteca donde presta sus servicios solo lo llaman unas cuatro noches a la semana, por lo que no le alcanza para más, que no sea la simple subsistencia personal.

«Espero que repunte la construcción y pueda encontrar un empleo, porque me va la vida en ello», afirma.