Ley antibotellón, sí, y firmeza para que se cumpla

VIGO

Solo el rigor de la lluvia, los exámenes o los ruidos que desquician a los vecinos han podido poner límites al botellón. Ahora, la Xunta de Feijoo, al igual que antes la del bipartito y antes aún la de Fraga, anuncia medidas restrictivas ante la alarma que provoca este fenómeno social y pronto las plasmará en una ley que elevará a 18 años la edad mínima para comprar y consumir alcohol. La alarma viene de lejos y su intensidad sube a la par que la violencia de los actos vandálicos y los comas etílicos de los niños tirados entre vomitonas en las aceras. Ahora, igual que hace una década. Casi nada se ha hecho y nada se ha avanzado. La Lei de Drogas (1996) prohibía el suministro de alcohol a menores de 16 años; hoy los concellos incorporan a sus ordenanzas la prohibición del consumo en la calle, para todas las edades, si se altera la convivencia. Sin embargo, los menores acceden al alcohol como a un lote de chuches y beber en la calle apenas tiene límites. Con la educación, la implicación de la familia y el ocio no etílico, hace falta poner la ley al día pero, sobre todo, Administraciones coordinadas para aplicarla de forma efectiva.