Dice que le sirvió los moluscos a Isabel Pantoja y que se zampó una docena, cuando estaba muy enamorada de Julián Muñoz. Lamenta que este verano bajasen las ventas un 15%
07 sep 2009 . Actualizado a las 12:04 h.Xulio Vázquez Nunca un molusco había hecho tanto por Vigo hasta que irrumpió la ostra en el mercado de A Pedra. Fue calando tan hondo y adquirió tal resonancia, que se convirtió en visita obligada para turistas y sibaritas locales del fin de semana. Aunque se trata de un bocado prehistórico, según atestiguan los antropólogos, basándose en los ingentes montones de conchas encontrados en las cavernas, nuestros antepasados eran mucho más aficionados a las ostras que a la carne de mamut. Algo tendrán cuando no dejan indiferente a nadie. Sobre esa relación de amor odio, el escritor satírico irlandés Jonathan Swift dijo de sí mismo que «fue el primer hombre valiente que se atrevió a comer una». El oficio de ostreiras adquirió tal protagonismo que la gente rebautizó con su nombre a la calle Pescadería.
Pero «¡Ostras, Pedrín!» Ese latiguillo habitual de los protagonistas de un tebeo franquista, que tenía por costumbre resolver los problemas a base de «jarabe de palo», cobra vigencia en la actualidad porque, de seis ostreiras, se pasó a cuatro en apenas dos años. Lo que pone en peligro una seña de identidad viguesa. Además la cuota masculina se ha equiparado, dado que dos son ostreiros. El más joven se llama Fernando Martínez Rodríguez (44 años). Hace seis meses que cogió el testigo de dos tías suyas jubiladas. Tiene el puesto delante del restaurante La Marina, en el número 5 de la calle.
-¿Por qué las ostreiras de A Pedra son casi todas de Arcade?
-Supongo que será por tradición. Mis tías, Maricarmen y Ermita, también eran de Arcade, al igual que yo. Otro puesto es igualmente de esa localidad. Los otros dos son de Ponte Sampaio (Pontevedra) y Santa Cristina (Vilaboa). -¿Vienen todos los días? -Por supuesto, sobre todo en el verano. Empezamos a las diez de la mañana y no paramos hasta las cuatro de la tarde. -¿Hay riesgo de que desaparezca esta tradición en Vigo? -No lo creo. Siempre habrá ostreiras en A Pedra, aunque es un trabajo muy sacrificado. -¿Será la causa de que el anunciado curso de formación de ostreiras por parte del Concello no haya dado fruto? -Tal vez, porque a ningún joven le gusta pasar sin vacaciones. -¿Nunca descansan? -Estamos ahí todo el año, pero yo espero coger algún día libre en el invierno, aunque solo sea para reponer fuerzas. -¿Se jubilará de ostreiro? -Ahora ni me lo planteo. -¿Cuenta con alguien en su familia para que le pueda dar algún relevo? -No, porque mi esposa tiene otro negocio y mi hija es veterinaria. Les gustan las ostras, pero en el plato para comerlas. -¿Y a usted? -A mi me encantan, las como todos los días. Antes de trabajar aquí, ya llevaba dieciocho años trayéndolas. -¿De dónde las trae? -De una depuradora de Cambados. -¿Le ha servido ostras a algún famoso? -Sí, a varios. A Sancho Gracia, el protagonista de Curro Jiménez . Es un asiduo, sobre todo desde que pasa largas temporadas en Mondariz. En cuanto a los futbolistas del Celta, venían mucho los rusos Karpin y Mostovoi, junto con Míchel Salgado. Del mundo de la farándula, se las serví a Norma Duval y a Isabel Pantoja, cuando estaba muy enamorada de Julián Muñoz. Habían venido los dos. A ella le encantan, creo que se zampó una docena. Y el dúo Los del Río, entre otros. -¿Cómo le han ido las ventas en este verano? -Bajaron un 15%. Pero se van vendiendo. -¿A qué tipo de clientes? -Sobre todo a turistas españoles. Vienen muchos castellanos y valencianos. Alguno es la primera vez que las prueba, le gustan y repite. A otros, no tanto. También hay quien se conforma con verlas u olerlas y sacarse fotos. -¿Les gustan más a los hombres o a las mujeres? -A los hombres. -Hay quien dice que son afrodisíacas, ¿qué opina? -Si se toman en buena compañía, suelen facilitar el acercamiento, sobre todo si van regadas con un buen vino blanco de la tierra. Son muy buenas para la resaca. -¿Siempre las sirve crudas? -Sí, y con limón, aunque los ingleses le echan tabasco. -¿Riegos de intoxicación?
-Escasísimo. Pasan muchos controles y, al abrirlas, si veo alguna sospechosa, la descarto. -¿El tamaño importa? -Se nota en el precio. La pequeña cuesta 10 euros la docena; la mediana, 12 y la grande, 15. -¿A qué saben? -Siempre les digo que a mar.