Dice que antes le encargaban muchos dormitorios, pero ahora le piden sobre todo librerías y aparadores para algún hueco de la casa. Muchos clientes le continúan llamando «O Neno»
24 ago 2009 . Actualizado a las 15:48 h.Xulio Vázquez En el corazón de la ciudad se mantiene impertérrito al paso del tiempo el único taller de ebanistería. Aún conserva un banco de carpintería centenario, que nadie se lo llevaría aunque se lo regalaran, porque pesa una tonelada. Dentro huele a serrín y viruta. En un escalón de la entrada está inscrita una fecha: 7-6-46. Nada cabalístico. Es para recordar que el 7 de junio de 1946 fue preciso hacer un hueco en el dintel de la puerta para poder sacar un mueble que habían hecho. Recuerda esta anécdota Ángel Otero Rouco (55 años). Dice que se la contó su anterior patrón. Pero ahora él es a la vez el único jefe y empleado. Se las apaña solo y con sus manos para desempeñar el oficio de ebanista. El único mohicano que queda de esta profesión en el centro de Vigo. Empezó a los 13 años y pronto lo bautizaron con el apodo de O Neno . Así le llaman todavía hoy muchos de sus clientes. «Sigo haciendo muebles, porque a mí no me jubilan ni los de Ikea». «Además aún continúo siendo O Neno , añade sonriendo. -¿Qué le diferencia del carpintero? -Se nos denomina ebanistas porque nos dedicamos a hacer muebles en vez de la carpintería en obra. -Es decir, que no están hechos de ébano. -(Risas). Por supuesto. Pero también trabajamos con esa madera, que evoca nuestra profesión. Además utilizamos otras igualmente nobles, como nogal, cerezo, castaño, haya, roble, teka... -¿Quién le enseñó el oficio? -Empecé en la ebanistería Abraldes, que fue mi jefe desde 1967 hasta hace diez años. Precisamente, en este mismo taller. Luego, quedé como autónomo. Llevó 42 años en el oficio. -¿Le gustaba hacer cosas de madera cuando era niño? -Sí, mucho. Hacía juguetes. También algún carro de los que se conducían con los pies y panternos , unas trampas para coger pájaros, conocidas como gaiolas. Además de cometas con caña e incluso una bicicleta de madera. -¿Y andaba? -Sí, también las ruedas eran de madera, pero recubiertas con unas latas de tinas de zinc. Mucho nos divertimos con ella por Candeán, que es donde sigo viviendo. -¿Utiliza alguna crema hidratante para las manos? -No, pero se suelen producir pinchazos y cortes. Aunque la única marca que tengo es en la palma de una mano, debido a una acepilladora. No obstante, he tenido suerte, porque muchos ebanistas se han quedado sin algún dedo de las manos, debido a la tupí. Es una máquina que se utiliza para las molduras y resulta muy peligrosa. Yo le tengo gran respeto. -¿Ya habrá sacado viruta? -Toneladas. -¿Qué hace con ella? -La llevo para el campo, para utilizarla de abono, porque cosecho patatas, cebollas... -¿Pasa mucho tiempo en el taller? -Por la mañana, estoy de 09.00 horas a 13.30 y, por la tarde, desde las 16.00 horas a 19.30. Creo que soy el único ebanista del centro y uno de los que más tiempo lleva en este oficio de todo Vigo. -¿A qué tipo de muebles se dedica? -Ahora me dedico mucho más a la reparación, sobre todo sillas, armarios, ventanas y puertas. -¿También hace tallas? -No, aunque sé algo, pero nunca he sido un tallista profesional. Además apenas quedan, porque les pagan poco en comparación con el trabajo que realizan. Algunos eran verdaderos escultores de la madera. Es preciso saber dibujar muy bien. -¿Le afecta más la crisis o las grandes superficies? -Ambas cosas, porque mucha gente prefiere comprar muebles de usar y tirar. Nosotros somos artesanos y los que hacemos, por ejemplo de castaño, duran toda la vida. Antes hacía muchos dormitorios, mesillas de noche, comedores. Ahora suelen encargarme cosas para determinados huecos de la casa, como puede ser una librería o un aparador. -¿Cuánto cobra por un dormitorio? -Depende de la madera que utilice, pero como mínimo superaría los 12.000 euros, empleando cerezo o sapeli, aunque la primera está muy cara. -¿Alguna anécdota? -Hay alguna firma de muebles que presume de que cualquiera los puede montar, pero a mí ya me han llamado para que se los monte. -¿Conservará todas esas herramientas?
-Aún tengo más guardadas, que no utilizo, pero me gustaría exponerlas, porque algunas son piezas de museo. Incluso un banco que tiene más de cien años.