No pudo acudir a la universidad porque tenía que recorrer a pie veinte kilómetros
18 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.El ajetreado día a día de una familia numerosa norteamericana se vio reflejado en el serial televisivo Con ocho basta . Pero, si el escenario fuese Senegal y la prole se multiplicase por tres y se le sumase uno más, ¿cuál sería el titular? Evidentemente, entraría en escena un dato relevante, como es el hecho de que un marido pueda tener hasta cuatro esposas. Lo que relativiza su procreación si se les compara, por ejemplo, con aquellos padres que en la época del franquismo fueron premiados por engendrar tantos hijos como para formar un equipo de fútbol. Incluso tengan más mérito porque eran todos de la misma mujer. «Tengo 25 hermanos, pero solo mantengo relación con los cinco por parte de mi madre», afirma Aby Ndiaye (35 años).
Vive en Vigo desde el 2001 con su esposo. Aquí nacieron sus dos hijas. Regenta un puesto de vendedora ambulante en la playa de Samil. Con lo que gana, tiene que alimentar a seis bocas, porque su marido está en el paro y se le agregaron dos primos en idéntica situación.
Ndiaye nació en la antigua capital senegalesa de Saint-Louis (bautizada así en honor a un rey de Francia). Pero la sigue siendo en el plano cultural. «En mi país solemos casarnos jóvenes. Yo lo hice a los 21 años, cuando ya había dejado de estudiar», señala. Aunque se le daban bien los estudios, con gran facilidad para aprender idiomas (habla muy bien el castellano, además del francés y también se defiende en inglés), tuvo que abandonar las aulas por problemas económicos. No podía pagar el autobús y tampoco estaba dispuesta a recorrer a pie unos veinte kilómetros para llegar desde su barrio a la universidad. «Ya estaba cansada de recorrer a pie muchos kilómetros para ir al colegio. Me levantaba a las seis de la mañana, porque a las ocho tenía que estar en clases. Luego, regresaba a las doce para comer y a la tres de la tarde ya tenía que estar de nuevo en el colegio. Y, a las seis, otra vez de vuelta a casa», argumenta.
Su padre era inspector de aduanas y su madre se dedicaba a las labores del hogar. «Antes las mujeres solo hacía las tareas de casa y cuidaba de los niños, pero ahora tienen más cultura y pueden optar a otros empleos», manifiesta.
Peluquera
Tras dejar el colegio, Aby Ndiaye ejerció de peluquera. «Le hacía los peinados a las mujeres. Aprendí lo de las trenzas africanas cuando era niña, jugando con las muñecas. Tenía muchas clientas y las atendía en la casa de mi madre. También me dedicaba a la compra y venta de productos africanos, para poder conseguir más dinero», explica.