Hoy son una mole de cemento con instalaciones nuevas. Llevan un año así. El 27 de septiembre, el entonces presidente de la Xunta, Emilio Pérez Touriño, acudió a la inauguración de las 46 naves y oficinas de la mano de la conselleira María José Caride y del entonces presidente del Puerto, Jesús Paz. Con ellos estaba también el verdadero impulsor de la obra, el alcalde Abel Caballero, que en su etapa al frente de la Autoridad Portuaria, justo antes de presentarse a las elecciones, imaginó que esas instalaciones podrían servir para los armadores de la flota de altura, los buques que faenan en el Gran Sol y en el Atlántico Sur.
En su año de vida, nunca han tenido ningún uso. Los armadores jamás se animaron, a pesar de que era una vieja reivindicación contar con unas buenas instalaciones para esas flotas. Y es que el coste económico del alquiler es demasiado elevado como para que los armadores puedan rentabilizarlo, mucho más en un momento en el que la economía pasa por una situación complicada. En realidad, si las naves funcionaran, lo harían con un régimen de concesión, con lo cual el armador nunca llegaría a ser propietario de las instalaciones, algo que también los echa atrás porque no pueden sacarles ninguna rentabilidad. El reto de la actual administración del Puerto será convencerlos o buscarles un uso alternativo a las 46 oficinas y almacenes.