Pasa desapercibido entre los obreros de la construcción. Aunque su misión es vigilar las obras. Pero nada tiene que ver con los vigilantes de la playa. A Javier Díaz Álvarez (59 años) nadie lo confundiría con Pamela Anderson. Tampoco es su cometido lucir el tipo, sino estar ojo avizor para que no roben material, ni maquinaria. «En el verano es cuando tengo más trabajo, porque este tipo de ladrones actúan sobre todo cuando hace buen tiempo y en los fines de semana», afirma. Lleva más de seis años custodiando las obras de Villa Laura, entre las calles Sevilla, Hispanidad y Pintor Colmeiro, donde se han hecho numerosos edificios. -¿Solo se ha limitado a vigilar? -Empecé ayudándole a una empresa de Gondomar a derribar las casas de esta zona. Después de echarlas abajo, Excavaciones y Transportes Guimarey, me contrató para que le vigilase los camiones y la maquinaria. El Grupo Vialmar también me pidió que le vigilase las obras de Pintor Colmeiro, bajo la promesa de que me darían una compensación económica, pero estos no cumplieron su palabra. Solo cobré del constructor Manuel Vázquez, de David, y de dos empresas más. Los otros constructores me dieron una poca chatarra para que hiciese unos euros. -¿Cuándo se abrirán las calles? -Están pendientes de que se conceda el permiso de la primera ocupación de los pisos, aunque alguna gente ya lleva viviendo en ellos desde hace tres años. Esperan abrirlas a final de mes. -¿Adónde irá luego? -Dejaré de vigilar y me iré a una finca que tengo en Coruxo, con un galpón y una furgoneta. Me dedicaré a la chatarra. -¿Cuál es su lugar actual de residencia? -Vivo en una caseta que hay en estas obras, aunque me dejaron un ático para que lo utilizase, pero prefiero estar ahí. Estoy cerca del cuartel de la Guardia Civil de la calle Sevilla y alguna noche me ha ayudado a vigilar las obras, para que pudiese dormir tranquilo. -¿Se han producido robos? -Bastantes. Algunos aprovechan que voy a cenar para llevarse cosas. Ya tengo cogido a más de uno por la noche metiendo herramientas en la furgoneta y llamé a la policía para que los detuviese. -¿Sufrió alguna agresión? -Una vez me agredieron entre dos porreros. Incluso uno de ellos me propinó un cabezazo y me rompió la mandíbula. Pero, como eran insolventes, no me recompensaron.