Suena un grito y lo siguen cientos. Es la llamada de las tribus, que ayer tomaron el municipio pontevedrés de Mos para hacerlo regresar a la Prehistoria. Y realmente viajaron al pasado, solo había que ver las pieles y los pies descalzos de los participantes mientras subían por el monte para la batalla. Los más de 30 grupos que este año se conformaron no dudaron en lanzarse piedras de corcho y ramas hasta tomar el Penedo da Pucha, una de las zonas del parque de Penacova, lugar de la celebración. Como en las otras siete ediciones, la cosa acabó en tablas. Es entonces cuando llegó el momento de elegir un chamán, el que invoca a los espíritus. «Aprendín a ler o futuro coa miña avoa. Ela dicía "rapaz, vas caer", e sempre acertaba», recordó entre risas el nuevo líder espiritual del festejo. En su discurso no dudó en hacer referencias políticas, al conflicto del metal y a la situación económica. La bienvenida a todas las tribus fue el precedente de una tarde repleta de pasatiempos y risas. La verdad es que si Pedro Picapiedra levantara la cabeza estaría de lo más orgulloso de los mosenses, que no escatimaron durante toda la jornada en gruñidos y gritos al más puro estilo cavernario. Pocos escaparon a la tentación de armarse de taparrabos felinos y disfrutar.
Percusión y olimpiadas
. El programa que organizó la asociación Festa da Prehistoria no dejó ni un minuto de aburrimiento. Talleres de arqueología, pintura corporal, demostraciones de tiro con arco, percusión e incluso unos juegos olímpicos en los que los troncomóviles fueron el transporte oficial. «Tamén hai para os rapaces pinturas na cova e moita música durante toda a noite», recuerdan en la tribu de Seixo branco, compuesta por trece adultos y seis niños. Y es que las edades no importan cuando se trata de sacar telas de colores, soltar la melena y colgarse huesos de plástico, por eso se repartían por las chozas del parque familias completas en las que hasta los abuelos alzan un garrote y gritan como el que más. Música y arqueología . Hacia la noche llegó el turno de levantar una construcción megalítica y volver a invocar a los espíritus. La cita se cerró con un triple concierto pero los que se hayan quedado con nostalgia de la época, todavía pueden visitar el Pazos dos Marqueses. Allí se encuentra una exposición de los restos arqueológicos encontrados en el municipio que podrá admirarse hasta 15. A esta actividad paralela se sumó también un concurso de cortometrajes sobre el período de la historia, que se pudieron disfrutar el viernes por la noche en la primera jornada de celebraciones.
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