«Una persona que lea dos libros cada semana ya es un buen lector»

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Dice que, aunque este verano la trilogía «Millenium», de Stieg Larsson, se compre como si fuesen rosquillas, nota un descenso en las ventas del 25% desde que se instaló la crisis

10 ago 2009 . Actualizado a las 11:44 h.

Xulio Vázquez Algunos políticos alardean de los libros que se llevan para leer en las vacaciones. Alguna rara avis presume de haberse hecho rico sin haber leído un libro en su vida. Pero hubo incluso alguna época en la historia en que estaba de moda quemarlos, aunque dicen que arden mal. Pero también hay quien se pasa la mayor parte de su vida entre libros, como le sucede a los libreros. Tal es el caso de Juan Seoane. Ya le gustaban de pequeño y pronto fue formando su particular biblioteca. Ahora regenta la librería Versus. Cuenta con una fiel clientela, para la que ha seleccionado más de 20.000 títulos. Precisamente, él es el autor de siete de ellos y el octavo lo ofrecerá en octubre, bajo el epígrafe: «Apariencia de los signos». Una obra más de su vena poética. -¿Es lo mismo vender un libro que un tornillo, una pomada o ganado? Porque ustedes también van a la feria, ¿no? -Para nada. Porque la librería está concebida como un espacio cultural, aunque la venta de libros sea una actividad comercial. Además, quisiera diferenciar al best seller del libro clásico, porque el primero no lo vendemos, sino que nos lo quitan de las manos. Como sucede con la trilogía Millenium. Pero es muy frecuente que nos pidan consejo, lo que no ocurre en las grandes superficies. Antes de que se pusiera de moda la novela negra, ya vendíamos mucho de este genero, gracias a mi compañera Sabela, muy versada en esta materia. -¿Qué momento atraviesa este sector? -No es ajeno a la crisis. Aunque este verano la trilogía Millenium , de Stig Larsson, la compren como rosquillas, noto un descenso en las ventas del 25%. -¿Esperan que el Gobierno ayude como sucede con la venta de los coches? -Para nada, porque lo nuestro es más espiritual y no tiene que ver una cosa con la otra. Cada cual tiene su utilidad. Además, los coches son más vistosos. Incluso también hay quien los colecciona, aunque el precio no es el mismo. (Risas). -¿Cómo selecciona los libros ante cientos de publicaciones diarias? -No es fácil, porque hay muchas editoriales independientes y algunas tienen una gran calidad, mientras que otras solo ofrecen pilas de best sellers . Pero me baso sobre todo en los lectores, porque cada librería tiene ya un tipo de ellos. En nuestro caso los tiros van más hacia el boca a boca. Muchos de nuestros clientes ya saben lo que quieren y los vienen a buscar. -Dicen que el saber no ocupa lugar, pero con algún libro ganaríamos tiempo sin caer en la tentación de abrirle las tapas, ¿no cree? -Por supuesto. Pero depende del nivel cultural de cada cual. Todavía hay quien compra un libro con el título: «Como hacerse rico en dos días». Sin embargo, el libro de autoayuda es un producto muy socorrido en tiempos de crisis. Como el que se aferra a la curación de un cáncer con hierbas. -¿Cuántos libros hay que leer para ser un buen lector? -Una persona que lea dos libros cada semana ya es un buen lector. -¿Los que más venden? -Sobre todo la novela negra. Funciona muy bien. -¿Cuál es el autor preferido? -Va por rachas. Por ejemplo, Mankell es un escritor sueco que vendió mucho y sigue vendiendo. Pero a la gente le costó descubrirlo. También pasó con Andrea Camilleri, porque apenas se conocía, pero ahora tiene varios libros traducidos al castellano. -¿En qué se fijan más, en el autor o en el título? -Más ayuda el autor, sobre todo si tiene caché. Salvo que se lo hayan recomendado, aunque sea desconocido para el gran público. Pero es la excepción. -¿Y los premios Nobel? -No se cuestiona la calidad, porque de hecho la tienen. Pero ese tipo de premios suelen ser políticos. Y muchos ya están destinados a un número de escritores. -¿Sigue existiendo los negros literarios o es una leyenda? -Sí, existen. Si no existieran, sería imposible que algunos autores publicasen hasta diez o más libros al año, y con tochos de páginas. Además, se permiten hasta el lujo de dar conferencias, trabajar en la radio y dar clases en la universidad. De otra manera, no tendrían tiempo material de hacerlo. Siempre los hubo.