La vulgaridad es la tónica predominante en el espectáculo del cantante venezolano en su gira veraniega
Carlos Baute no es un cantante, es un estriper, un boy de club de carretera. Esa es la sensación una vez digerido, con dificultad, el concierto que ofreció el martes dentro del programa de las Festas de Vigo. Teniendo en cuenta que buena parte de su cultivado público se compone de adolescentes con las hormonas desatadas y unas cuantas pijas desnortadas de tosco oído, cuyas orejas solamente les sirven para colgar enormes pendientes, no es de extrañar que el nivel fuera el que fue. Pero también debería saber el ídolo latino que hay niños de guardería que con él asisten al primer show chabacano de su vida. No es una cuestión de gazmoñería, si no de buen gusto. El venezolano confunde la seducción con la ordinariez, la insinuación con la vulgaridad, la elegancia con la grosería.
Sin meterse demasiado en apreciaciones musicales, -baste decir que la capacidad creativa de Baute es infumable, que en directo desafina como un poseso y que hasta el vocalista cubano que le acompaña canta mejor que él-, el aspecto extramusical de su gira Elígeme 2009 Colgando en tus manos , es un despropósito. Las referencias sexuales, pero sexualmente patéticas, en las que se basa su show, son constantes casi desde el principio. Son como el estilo del teatro de revista de Quique Camoiras y Juanito Navarro de los años 70 y 80, pero en versión calentón caribeño. Lo que cambia es que el empalagoso y simple Baute tiene un buen físico y la autoestima por las nubes. El tufo a machito latino impregna todo el concierto. El rubio cantautor está muy interesado en la talla del sujetador de sus fans y en cada actuación protagoniza un impresentable numerito con una de ellas que es para echar a correr. Elige a una chica entre el público a la que le plantifican sobre su ropa un patético traje de novia. Él aparece vestido de novio. La chavala vive su sueño al lado de la estrella mediática. Él, mientras, canta que se quiere casar con ella. ¿Estamos en el siglo XXI?
Para rematar, la aparición de Marta Sánchez en la última canción, es poco menos que un timo. Pero tiene que ser así. De lo contrario, el cincuenta por ciento del aforo se marcharía antes del final. Eso sí. Carlos Baute es buen chaval. Pero si pasa a la historia, no será por su música, ni por su buen gusto.
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