Dice que prefiere trabajar directamente con las personas sordociegas y que es muy importante fijarse en el tono y la intencionalidad a la hora de traducir la lengua oral
23 jun 2009 . Actualizado a las 19:23 h.Xulio Vázquez Los sordos la entienden. También guía a los ciegos. Sabe comunicarse con las personas que sufren ambas minusvalías. A Jesús de Nazaret le hubiese sacado mucho trabajo de encima, aunque Él no necesitó traductores ni para el Sermón de la Montaña . Pero ella solo se mueve en el plano de los sentidos corporales. Aunque suficientes para la lengua de signos o de señas, término preferido por el lingüista Saussure. Le basta con la expresión corporal y sus manos. Es tan antiguo o más que las lenguas orales. Y tan innato al ser humano como un simple balbuceo. Hubo tribus que usaron esa forma natural de interrelacionarse de por vida. Para ellos era tan normal como para los católicos persignarse. Irene Rivas Veiras (25 años) está a punto de convertirse en guía-intérprete de las Personas Sordociegas. Solo le falta un par de meses, el tiempo que le llevará presentar el proyecto final para obtener el título de intérprete de lengua de signos. -¿En qué consiste? -Es un curso superior de dos años. Se accede después de hacer el bachillerato o de un ciclo medio. -¿Cuántas asignaturas son? -Cinco en cada uno de ellos. -¿Resulta complicado? -Sí, porque es muy corto. Además, hay que saber interpretarla. Aparte de la lengua de signos, tenemos otras asignaturas como psicosociología de las personas sordas y sordociegas, inglés, lingüística e interpretación. -¿La más difícil? -Para mí, fue la interpretación. Porque también hay que tener en cuenta el tono y la intencionalidad. Y signarlo con la misma rapidez que una persona habla. No se puede confundir con la mímica, porque es una lengua en sí misma. -Pero el diccionario lo tienen siempre a mano. -(Sonríe). El alfabeto manual o dactilológico lo usamos como una herramienta más de apoyo. -¿El número de alumnos? -Pocos, porque se trata de un curso privado. En primero estábamos nueve y en segundo uno menos. Curiosamente, todas mujeres. -¿Signan mejor las mujeres? -Debe ser. -¿Sale caro? -Bastante. Se impartió en Povisa. El único centro público de este tipo que hay en Galicia se encuentra en A Coruña. -¿Cuenta con una buena salida laboral? -Sí, porque cada vez tiene más campo. También contribuimos a la integración social. Porque a una persona que va en una silla de ruedas todo el mundo la ve por la calle, mientras que las que sufren este tipo de minusvalías pasan desapercibidas, cuando se trata de un problema tan importante como es la comunicación, el poder expresarse. -¿A qué quiere dedicarse? -A la interpretación. -¿La veremos alguna vez traducir a los políticos en el Parlamento gallego? -Sería una bonita experiencia. De todos modos, me gusta más el trato directo con las personas sordas y sordociegas. -¿Interpretó a algún político? -Solo en clases. Ensayamos con el debate que tuvieron los tres líderes de las fuerzas mayoritarias en las autonómicas. -¿El más complicado? -Los tres, porque todavía no tengo la práctica suficiente. Pero es difícil interpretar a los políticos porque siempre andan con rodeos. Utilizan frases hechas y palabras rebuscadas. No suelen ir mucho al grano. -¿Qué la motivó a elegir esta profesión? -Fue el hecho de tener en mi familia a una persona sorda. Se trata de una prima que es un año menor que yo. Siempre he estado mucho en contacto con ella y nos llevamos muy bien. Tuve interés por la lengua de signos. Me animé a hacer los estudios y me enganchó. -¿Entiende bien a su prima?
-Sí, pero ahora mucho mejor. -¿Sin decirle ni una palabra? -Se vocalizan las palabras, pero no se emiten sonidos. -¿Es cierto que alguno es capaz de leer los labios? -No tanto como se dice, pero hay quien sabe hacerlo. Mi prima tiene buena lectura labial. -¿Estudia o trabaja? -Está haciendo atención psicosocial y sanitaria. -¿Para entender en clases? -Tiene más problemas, porque no hay intérprete. Suele sentarse en la primera fila y se vale de los apuntes. En los exámenes le resulta fácil, al ser escritos. -¿Existe un signo para cada palabra? -Para muchas. -¿Cómo se puede signar la palabra mujer? -Tocándose el lóbulo de la oreja con los dedos índice y pulgar. -¿Por algún motivo? -Se la relaciona con los pendientes. -Pero también los llevan los hombres. -(Risas). Un hombre se indica con el pulgar hacia la frente y con un movimiento lateral. -Como que estamos locos. -(Sonríe). No, hace referencia al sombrero. -¿Las azafatas? -Utilizan signos, pero no tienen que ver con los nuestros.