Una dominicana que lleva dos años en Vigo trabajando en una cafetería de O Calvario con un contrato mileurista y en regla
02 jun 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Algún cliente suele piropearla y le dice «caribeña». Ella sonríe. Sus dientes de nácar iluminan su piel canela. Es el trato amable que le dispensan y se lo ha ganado gentilmente, tras dos años de camarera en la cafetería Mus (en el número 10 de la calle Gregorio Espino). Es el tiempo que lleva residiendo en Vigo. Salta a la vista que Elizabeth Pequero Segura (29 años) es una inmigrante más. Pero de las privilegiadas, porque ya vino con un contrato de trabajo desde su ciudad natal de San Pedro de Macorís, una de las más bellas de la República Dominicana. Pertenece a la Región Yuma, que basa su economía en la caña de azúcar y en el turismo, debido a sus hermosas playas. Está en la parte este del país, a 45 minutos en coche de la capital, Santo Domingo.
Precisamente, Elizabeth trabajaba también de camarera de bar en un hotel de Bávaro, en Punta Cana. «Estuve cuatro años empleada y solían venir muchos turistas, uno de ellos fue un gallego que se convirtió en mi novio y fue el motivo de que yo esté aquí», relata. Otra cuestión puramente económica es que su sueldo apenas alcanzaba los 150 euros (al cambio) cada mes. Hizo estudios de bachillerato y realizó un curso de hostelería.
Es madre de tres niñas, de 3, 8 y 14 años. La mayor estudia primero de bachillerato. Las ha dejado al cuidado de su madre. «Todos los meses les envío 300 euros para la manutención de mis hijas>. También suele mantener contacto con ellas casi a diario a través de Internet. Dice que pertenece a una familia de cinco hermanos (dos estudian, uno trabaja de chófer de autobús y una hermana es ama de casa). Ninguno de ellos ha venido a España y duda que pueda cursarles una invitación para que lo hagan.
Con respecto a su actual trabajo, señala que tiene un horario de ocho horas y que lo alterna cada semana, entre mañana y tarde. Asegura sentirse muy a gusto, aunque estuvo tentada a probar fortuna en Barcelona, donde reside una prima suya. Incluso viajó a la capital catalana, pero no le convenció el sistema de vida y regresó a Vigo para continuar detrás de la barra del bar donde trabaja. Es una mileurista y, para los tiempos que corren, confiesa sentirse bien pagada. Aparte del buen trato que le dispensa su jefe. «Lo que suelo hacer cada día es servir cafés y todo tipo de bebidas, además de aperitivos, lo típico en estos negocios», dice.
Por el momento, no se plantea lo que hará en el futuro. «Lo único que me preocupa es el porvenir de mis hijas», afirma.